Introducción
En los últimos años, la evaluación formativa ha tenido un impacto significativo en el aprendizaje de los estudiantes; de hecho, el Fondo de las Naciones Unidas para la América Latina, en un esfuerzo por mejorar los resultados de aprendizaje de los estudiantes.
En el contexto de la educación primaria, la evaluación ha evolucionado de ser una herramienta utilizada únicamente para medir el rendimiento estudiantil a convertirse en un proceso pedagógico fundamental enfocado en mejorar el aprendizaje. En este sentido, la evaluación formativa se posiciona como una estrategia clave para apoyar la retroalimentación continua, fortalecer la autorregulación estudiantil y promover prácticas docentes más reflexivas, inclusivas y efectivas (Cañadas & Santos-Pastor, 2021; Fraile, Ruiz-Bravo, Zamorano-Sande, & Orgaz-Rincón, 2021). Además, el creciente uso de tecnologías digitales, junto con la transformación de los enfoques educativos, ha generado nuevas dinámicas en el aula, lo que hace imperativo revisar cómo se implementa actualmente este tipo de evaluación y cuáles son los desafíos que enfrenta (Santiago Paucar & Villafuerte Álvarez, 2024).
Este artículo, de tipo revisión documental, tiene como propósito sintetizar investigaciones recientes sobre la evaluación formativa en la educación primaria, considerando tanto los aportes teóricos como las prácticas implementadas en diversos contextos educativos entre los años 2020 y 2024. La revisión se basa en fuentes académicas obtenidas de bases de datos reconocidas como Scopus, Semantic Scholar, Redalyc y Web of Science, lo que permite construir una visión amplia, rigurosa y actualizada sobre el tema (Zubillaga-Olague, Cañadas, & Manso, 2025; Duro, 2022).
El problema que evidencia la revisión radica en la brecha entre el discurso pedagógico que promueve la evaluación formativa y las limitaciones en su aplicación real dentro del aula de clases. A pesar de su valor educativo, muchos docentes continúan afrontando obstáculos como la falta de formación específica, la presión de políticas educativas centradas en evaluaciones estandarizadas, la sobrecarga administrativa y las condiciones tecnológicas y socioeconómicas desfavorables, especialmente en contextos rurales o multigrado (Vergara, 2024; Tapia, Bastías, Aguilar, & Poblete-Valderrama, 2022).
En este sentido, la pregunta de investigación que guía esta revisión es: ¿Cómo se está conceptualizando, aplicando y evaluando la efectividad de la evaluación formativa en la educación primaria en los estudios académicos recientes, y cuáles son los principales enfoques, desafíos y buenas prácticas identificadas?
El tema se enmarca en un contexto educativo que busca promover una enseñanza más centrada en el estudiante, inclusiva y adaptable, en medio de la aceleración de los cambios derivados de la pandemia de COVID-19, el auge de las tecnologías educativas y la necesidad de mejorar la calidad del aprendizaje en todos los niveles.
Comprender el estado actual de la evaluación formativa resulta esencial para orientar futuras investigaciones, intervenciones pedagógicas y políticas educativas que contribuyan a una educación más equitativa, significativa y efectiva (UNESCO, 2021; Fernández, Julca, Alata & Cutipa, 2024).
Materiales y Métodos/Metodología
El fundamento teórico de la evaluación formativa se basa en el enfoque constructivista y sociocultural del aprendizaje, donde la evaluación es concebida como una herramienta para apoyar y guiar el proceso educativo, no solo para medir resultados. Desde esta perspectiva, se promueve la participación activa del estudiante, la autorregulación, la retroalimentación continua y la mejora constante como elementos esenciales para el desarrollo integral del alumno (Cañadas & Santos-Pastor, 2021).
En la práctica educativa, la evaluación es un elemento importante para medir el progreso de un estudiante, razón por la cual requiere de reformas que mejoren los procesos de aprendizaje y enseñanza (Torres et al., 2021). En este contexto, surge una iniciativa conocida como evaluación formativa, en la cual se considera a la enseñanza y la evaluación como parte de una misma actividad, donde el docente enseña al mismo tiempo que evalúa (Chávez & Martínez, 2018). En este sentido, el objetivo principal de la evaluación formativa va más allá de otorgar una calificación al estudiante, sino que busca favorecer el aprendizaje del alumno y del docente (Fraile et al., 2021).
Tipos de evaluación en el contexto educativo
La evaluación educativa puede clasificarse, según su propósito y momento de aplicación, en diagnóstica, formativa y sumativa. Estas tres formas cumplen funciones complementarias, pero distintas en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Evaluación diagnóstica
La evaluación diagnóstica es un proceso que permite identificar los conocimientos previos, habilidades y necesidades de los estudiantes antes de iniciar un proceso de enseñanza-aprendizaje, con el fin de orientar la planificación pedagógica (Ruelas, 2023).
Evaluación formativa
La evaluación formativa es un proceso continuo que busca recoger información sobre el aprendizaje del estudiante para retroalimentarlo y mejorar su desempeño durante el proceso educativo (Elena & Jairo, 2022).
Evaluación sumativa
La evaluación sumativa es un proceso que se aplica al final de una unidad o periodo de enseñanza con el propósito de valorar los aprendizajes logrados por el estudiante y asignar una calificación (Ruelas, 2023).
Relación entre los tres tipos de evaluación
La relación entre los tipos de evaluación diagnóstica, formativa y sumativa radica en su complementariedad dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje. La evaluación diagnóstica identifica conocimientos previos y necesidades al inicio; la formativa permite ajustar el proceso a través de retroalimentación continua; y la sumativa verifica el logro de objetivos al final. Integradas adecuadamente, estas evaluaciones favorecen un enfoque más completo, justo y centrado en el aprendizaje (Herrero González, López-Pastor, & Manrique Arribas, 2020).
Enfoques de Evaluación
El enfoque de evaluación hace referencia a la perspectiva teórica y metodológica desde la cual se concibe y aplica la evaluación en el proceso educativo. En el caso de la evaluación formativa, este enfoque se orienta al acompañamiento del aprendizaje, priorizando la retroalimentación, la participación activa del estudiante y la toma de decisiones pedagógicas basadas en evidencias (Ortega Martínez et al., 2021).
Figura 1. Enfoques metodológicos en la evaluación formativa en primaria
Fuente: Elaboración propia
Este mapa mental refleja los elementos que integran a la evaluación formativa la cual se ha consolidado como una herramienta clave para mejorar la calidad del aprendizaje, adaptándose a las necesidades de los estudiantes y promoviendo un enfoque más integral en la educación, mostrando así su carácter dinámico, participativo y reflexivo.
Principios pedagógicos subyacentes de la evaluación formativa
Los principios pedagógicos que sustentan la evaluación formativa incluyen la centralidad del estudiante en el proceso de aprendizaje, la retroalimentación continua, la participación activa, la reflexión crítica y el desarrollo de competencias. Estos principios están alineados con enfoques constructivistas y promueven una enseñanza centrada en procesos, no solo en resultados, facilitando la mejora del pensamiento crítico y el aprendizaje significativo (Ortega-Quevedo & Puente, 2020).
Retroalimentación formativa
La retroalimentación formativa es un proceso clave dentro de la evaluación formativa que proporciona información oportuna y específica al estudiante, con el fin de guiarlo en la mejora continua de su aprendizaje y en la toma de decisiones pedagógicas (Urrea Suárez, 2024).
Autorregulación del aprendizaje
La autorregulación para el aprendizaje se refiere a la capacidad del estudiante para planificar, supervisar y evaluar su propio proceso de aprendizaje de manera autónoma, lo que potencia su compromiso y rendimiento académico (Chunga, 2023).
Evaluación para el aprendizaje
La evaluación para el aprendizaje es un proceso pedagógico orientado a mejorar el aprendizaje durante su desarrollo, fomentando la participación activa, la autorregulación y la reflexión del estudiante. Según Fernández (2024), su propósito es guiar la enseñanza y ayudar al alumno a corregir errores y avanzar hacia los objetivos de aprendizaje, más allá de solo asignar calificaciones.
Estrategias para fomentar la autorregulación del aprendizaje
Las estrategias para fomentar la autorregulación del aprendizaje incluyen prácticas como la planificación de tareas, el establecimiento de metas, la autoevaluación y la reflexión continua. Estas herramientas permiten al estudiante tomar un rol activo en su proceso formativo, regular su desempeño y construir conocimiento de manera autónoma (Sánchez-Cardona, Rendón-Mesa, & Villa-Ochoa, 2021).
1. Establecimiento de metas
El establecimiento de metas es un proceso mediante el cual los estudiantes definen objetivos específicos, medibles y alcanzables que orientan su aprendizaje, motivación y autorregulación. Esta práctica favorece la planificación, el seguimiento del progreso y el compromiso con las tareas académicas (Otero-Saborido et al., 2023).
2. Monitoreo del progreso
El monitoreo del progreso es un proceso continuo que permite observar y registrar el avance de los estudiantes en relación con los objetivos de aprendizaje, con el fin de ajustar la enseñanza y proporcionar retroalimentación oportuna. Este seguimiento permite identificar dificultades a tiempo y fortalecer la autonomía del estudiante (Saldaña, 2022).
3. Uso de herramientas de evaluación
El uso de herramientas en la evaluación formativa, como rúbricas, listas de cotejo, portafolios y plataformas digitales, permite recopilar evidencias del aprendizaje, ofrecer retroalimentación oportuna y fomentar la participación activa del estudiante. Estas herramientas hacen más transparente el proceso evaluativo y facilitan la toma de decisiones pedagógicas informadas (Santiago Paucar & Villafuerte Álvarez, 2024).
Fuente: Elaboración propia.
La Figura 2 representa una red de categorías construida a partir de la codificación de los estudios analizados, centrada en los conceptos de aprendizaje, conocimiento del alumno, evaluación formativa y habilidad profesional docente. Esta visualización evidencia la interconexión entre las prácticas evaluativas y el desarrollo docente, alineándose con los enfoques constructivista y sociocultural (Vygotsky, 1978; Zimmerman, 2002). Además, destaca la necesidad de fortalecer las competencias docentes para implementar eficazmente la evaluación formativa, como lo sugieren Brookhart (2017) y Zubillaga-Olague et al. (2025).
Tecnología educativa en la evaluación formativa: apps, plataformas LMS (ej. ClassDojo, Seesaw, Google Classroom).
La tecnología educativa, a través de aplicaciones y plataformas como ClassDojo, Seesaw o Google Classroom, facilita la implementación de la evaluación formativa al permitir el seguimiento continuo del aprendizaje, la retroalimentación inmediata y la comunicación activa entre docentes y estudiantes (Sánchez, González, & Bustamante, 2022).
Desafíos en la implementación de tecnologías en la evaluación formativa
La implementación de tecnologías en la evaluación formativa enfrenta desafíos como la falta de capacitación docente, la escasa alfabetización digital de algunos estudiantes, las limitaciones de conectividad y la dificultad para adaptar herramientas digitales a contextos diversos. Estos factores pueden afectar la eficacia del seguimiento del aprendizaje y la calidad de la retroalimentación en entornos virtuales (Carrió-Pastor, 2021).
1. Conectividad y recursos tecnológicos
La conectividad y los recursos tecnológicos en el ámbito educativo hacen referencia al acceso y uso de infraestructuras digitales como internet, plataformas virtuales, dispositivos y herramientas interactivas que permiten desarrollar prácticas pedagógicas innovadoras, mejorar la evaluación formativa y facilitar el aprendizaje colaborativo (Cebrián-Robles, Ruíz-Rey, Cebrián-De-la-Serna, & Lourenço-Martins, 2024).
2. Formación docente
La formación docente es un proceso continuo y sistemático orientado al desarrollo de competencias pedagógicas, didácticas y reflexivas que permiten al profesorado mejorar su práctica educativa y responder a los desafíos del aula actual (Zubillaga-Olague, Cañadas, & Manso, 2025).
3.Participación familiar
La participación familiar en el proceso de evaluación formativa es fundamental para fortalecer el acompañamiento educativo del estudiante. Involucrar a las familias permite una comprensión más integral del progreso académico, facilita la comunicación entre escuela y hogar, y promueve una cultura de aprendizaje compartido que impacta positivamente en la motivación y el rendimiento del alumnado (Sanz et al., 2023).
Fuente. Elaboración propia.
La Figura 3 muestra un gráfico de pastel que representa los principales desafíos para la implementación de la evaluación formativa en la educación a distancia. Según la distribución visual, los mayores obstáculos identificados fueron la conectividad y los recursos tecnológicos (40 %), seguidos por la formación docente (35 %) y la participación familiar (25 %). Esta representación evidencia que las brechas digitales y la falta de preparación del profesorado limitan la efectividad de la retroalimentación y del seguimiento del aprendizaje, especialmente en entornos virtuales. Estos hallazgos coinciden con lo planteado por Carrió-Pastor (2021) y Cebrián-Robles et al. (2024), quienes destacan la necesidad de políticas educativas que garanticen acceso equitativo a la tecnología y capacitación permanente en evaluación digital.
Rol del docente como mediador y guía del proceso evaluativo
El rol del docente como mediador y guía del proceso evaluativo implica facilitar el aprendizaje mediante una evaluación formativa centrada en el acompañamiento, la retroalimentación constante y el uso de datos para la toma de decisiones pedagógicas. En este enfoque, el docente no solo evalúa, sino que orienta al estudiante hacia la autorregulación, la mejora continua y el desarrollo de competencias, especialmente en contextos mediados por tecnologías como la analítica del aprendizaje (Medina-Zut et al., 2023).
Estudios empíricos que evidencian mejoras en la motivación, el desempeño académico y la metacognición.
Los estudios empíricos sobre evaluación formativa han demostrado que su aplicación mejora significativamente la motivación de los estudiantes, su rendimiento académico y el desarrollo de habilidades metacognitivas. Estas mejoras se deben a prácticas como la retroalimentación continua, la autoevaluación y la participación activa del estudiante en su proceso de aprendizaje, lo que favorece su autorregulación y compromiso (Carrillo-López & Hortigüela-Alcalá, 2022).
Diferencias en resultados según áreas curriculares (matemáticas, lectura, ciencias).
Los efectos de la evaluación formativa varían según el área curricular. Investigaciones muestran mayores avances en matemáticas y lectura, donde la retroalimentación inmediata y las estrategias de autorregulación son más efectivas. En ciencias, aunque los resultados también son positivos, requieren enfoques más integrados que promuevan la indagación y el pensamiento crítico (Andrade & Brookhart, 2020; Fernández, 2024).
Fuente Elaboración propia.
La Figura 4 ilustra el impacto de la evaluación formativa en distintas áreas curriculares (matemáticas, lectura y ciencias), valorado en una escala de 1 a 5. Los resultados indican una alta efectividad en matemáticas (4.5), atribuida a la retroalimentación inmediata y la práctica constante. En ciencias, el nivel de efectividad es bueno (4.0), mientras que en lectura es moderado (3.0), condicionado por la estrategia empleada. Esta variabilidad sugiere que la evaluación formativa debe adaptarse a las particularidades de cada disciplina, tal como plantean Fernández (2024) y Andrade & Brookhart (2020), quienes resaltan la necesidad de enfoques diferenciados para maximizar el aprendizaje según el área curricular.
Desafíos y limitaciones en su implementación
La implementación de la evaluación formativa enfrenta desafíos como la escasa formación docente, la sobrecarga administrativa, la resistencia al cambio, y la falta de tiempo y recursos tecnológicos. Estas limitaciones dificultan su aplicación sistemática y reducen su impacto en el aprendizaje (Vergara, 2024; Salinas & Marín, 2021).
Tensiones con políticas educativas centradas en la evaluación estandarizada.
Las políticas educativas que priorizan la evaluación estandarizada generan tensiones con la implementación de la evaluación formativa, ya que estas políticas suelen centrarse en resultados cuantitativos, reduciendo el espacio para la retroalimentación continua, la autorregulación del aprendizaje y la contextualización pedagógica. Esto limita el desarrollo de competencias integrales y la autonomía del estudiante (Tapia et al., 2022).
Evaluación inclusiva: atención a la diversidad y equidad.
La evaluación inclusiva es un enfoque que reconoce y valora la diversidad del estudiantado, adaptando estrategias y criterios evaluativos para garantizar la equidad y la participación de todos, incluidos los estudiantes con necesidades educativas especiales (NEE). Esta forma de evaluación fomenta la justicia educativa al centrarse en las potencialidades individuales y promover el desarrollo integral sin discriminación (Ruano, 2024).
Buenas prácticas y experiencias destacadas
Las buenas prácticas y experiencias destacadas en evaluación formativa se refieren a estrategias pedagógicas eficaces que han demostrado mejorar el aprendizaje, tales como el uso de retroalimentación oportuna, autoevaluación, coevaluación y acompañamiento constante. Estas prácticas promueven el aprendizaje autónomo, la participación activa del estudiante y el desarrollo de habilidades metacognitivas (Cruz, 2023).
Modelos innovadores de evaluación formativa en aulas reales.
Los modelos innovadores de evaluación formativa en aulas reales integran tecnologías digitales, aprendizaje contextualizado y sistemas móviles para adaptar la evaluación al ritmo y necesidades del estudiante. Estos modelos permiten una retroalimentación inmediata, flexible y personalizada, favoreciendo la autorregulación y el aprendizaje activo en entornos educativos diversos (Muñoz & González, 2024).
Experiencias en escuelas multigrado o rurales
Las experiencias en escuelas multigrado o rurales muestran que la evaluación formativa, adaptada a contextos con diversidad de niveles y recursos limitados, puede fortalecer el aprendizaje mediante estrategias flexibles, retroalimentación individualizada y el fomento de la autonomía. Estas experiencias evidencian el potencial de la evaluación como herramienta inclusiva y contextualizada (Duro, 2022).
Metodología
El estudio se desarrolló bajo un enfoque cualitativo de revisión documental, con un diseño descriptivo-analítico orientado a sistematizar investigaciones recientes sobre evaluación formativa en la educación primaria.
Se consultaron cinco bases de datos académicas de amplio reconocimiento Scopus, Web of Science, Redalyc, SciELO y Semantic Scholar, lo que permitió integrar tanto literatura internacional como regional.
Los criterios de inclusión contemplaron artículos publicados entre 2020 y 2024, de acceso completo, indexados en bases reconocidas y centrados en la evaluación formativa en primaria. Se excluyeron duplicados, estudios sobre evaluación sumativa o diagnóstica, así como investigaciones de otros niveles educativos.
Tras aplicar dichos criterios, se seleccionaron 25 artículos: 63 % procedentes de Semantic Scholar, 16 % de Scopus, 9 % de Redalyc, 6 % de SciELO y 6 % de Web of Science. El análisis se realizó mediante codificación temática abierta y síntesis comparativa, apoyado con gestores de referencias (EndNote y Atlas.ti), además de la construcción de mapas conceptuales, redes de categorías y gráficos que facilitaron la organización e interpretación de los hallazgos.
Tabla 1. Proceso metodológico de la revisión documental
Fuente. Elaboración propia (2025)
Tabla 2. Distribución de artículos por base de datos consultada
Fuente. Elaboración propia (2025)
Tabla 3. Criterios de Inclusión y Exclusión
La técnica de análisis empleada fue una codificación temática abierta para extraer y agrupar la información relevante en categorías como: enfoques teóricos, prácticas pedagógicas, uso de tecnologías, impacto en el aprendizaje, desafíos y buenas prácticas.
Posteriormente, se aplicó un análisis interpretativo y comparativo, mediante el uso de mapas mentales, redes conceptuales y gráficos de distribución, elaborados de forma propia para facilitar la comprensión de los hallazgos
Resultados y discusión
Figura 5. Cantidad de Artículos por Base de Datos
Nota. Gráfico con la distribución de artículos por base de datos, elaboración propia (2025)
La mayor parte de la evidencia analizada proviene de Semantic Scholar, lo que puede deberse a su accesibilidad y cobertura temática. Sin embargo, la diversidad de bases de datos consultadas también refleja una intención de obtener una visión amplia y contrastada del tema, combinando fuentes globales (como Scopus y Web of Science) con fuentes regionales (como Scielo y Redalyc).
La revisión documental de 25 artículos publicados entre 2020 y 2024 permitió identificar que la evaluación formativa en educación primaria se fundamenta en enfoques constructivistas y socioculturales, orientados a la retroalimentación continua, la autorregulación del aprendizaje y la participación activa de los estudiantes.
Los resultados muestran que las estrategias más empleadas incluyen el uso de rúbricas, coevaluación, autoevaluación y herramientas digitales como plataformas LMS. Su aplicación ha generado impactos positivos en la motivación, el rendimiento académico y las habilidades metacognitivas, con mayor efectividad en matemáticas (4.5/5) y ciencias (4.0/5), mientras que en lectura los efectos son más moderados (3.0/5).
La discusión crítica evidencia coincidencias con investigaciones previas que resaltan el valor pedagógico de la evaluación formativa, aunque también se reconocen limitaciones como la escasa formación docente, la brecha digital, la sobrecarga administrativa y las tensiones con políticas educativas centradas en pruebas estandarizadas. Estos factores condicionan su implementación en contextos rurales o con recursos limitados.
En cuanto a la coherencia metodológica, las conclusiones se sostienen en los patrones extraídos de la revisión documental, confirmando que la evaluación formativa constituye una estrategia pedagógica clave para mejorar la calidad educativa. Sin embargo, su efectividad depende de la formación continua del profesorado, la integración curricular y el respaldo institucional.
En síntesis, la evaluación formativa es un recurso esencial para promover un aprendizaje más autónomo, inclusivo y significativo, siempre que se acompañe de condiciones estructurales y pedagógicas adecuadas que garanticen su sostenibilidad en distintos contextos educativos.
Conclusiones
El análisis documental realizado permite concluir que la evaluación formativa constituye una estrategia pedagógica esencial para fortalecer el aprendizaje en la educación primaria. Sustentada en los enfoques constructivista y sociocultural (Vygotsky, 1978; Zimmerman, 2002), esta forma de evaluación promueve el desarrollo de la autorregulación, la participación activa del estudiante y la retroalimentación continua, aspectos que la diferencian de las prácticas tradicionales centradas exclusivamente en la calificación.
Los resultados muestran que las estrategias más empleadas rúbricas, coevaluación, autoevaluación y retroalimentación efectiva tienen efectos positivos en la motivación, el
desempeño académico y las habilidades metacognitivas de los estudiantes, especialmente en asignaturas como matemáticas y ciencias. No obstante, el impacto es más moderado en áreas como la lectura, lo cual evidencia la necesidad de adaptar las prácticas evaluativas a las características específicas de cada disciplina. Este hallazgo coincide con estudios previos que destacan la importancia del contexto pedagógico y curricular en la efectividad de la evaluación para el aprendizaje (Panadero et al., 2017; Fernández, 2024).
Pese sus beneficios, la revisión identifica limitaciones persistentes que obstaculizan su implementación sostenida. Entre las más relevantes se encuentran la escasa formación docente en evaluación formativa, la sobrecarga administrativa, la presión de políticas estandarizadas y la brecha digital, factores que afectan especialmente a contextos rurales o multigrado (Vergara, 2024; Tapia et al., 2022). Estas barreras evidencian una distancia entre el discurso pedagógico y la práctica real, lo que exige repensar los sistemas de evaluación desde un enfoque más integral, flexible y centrado en el aprendizaje.
Las experiencias exitosas documentadas en países como Perú, Colombia, México y España demuestran que una evaluación formativa eficaz requiere formación continua del profesorado, integración curricular y uso pedagógico de tecnologías digitales (Cruz, 2023; Muñoz & González, 2024). En este sentido, es fundamental que las políticas educativas reconozcan la evaluación no solo como mecanismo de medición, sino como una herramienta de mejora continua y equitativa de la enseñanza.
Finalmente, se recomienda fortalecer el vínculo entre teoría y práctica mediante propuestas metodológicas contextualizadas, que consideren la realidad del aula, las competencias docentes y el entorno socio tecnológico. También se sugiere profundizar en investigaciones empíricas locales que permitan validar modelos de evaluación formativa adaptados a los distintos niveles y realidades del sistema educativo, promoviendo así una educación más significativa, inclusiva y sostenible