Introducción
El interés por comprender las causas del bajo desempeño académico ha sido constante a lo largo de las décadas. Investigaciones pioneras y estudios más recientes, como las pruebas PISA y los análisis del ICFES, han destacado la importancia de las habilidades socioemocionales en el proceso de aprendizaje. Estos hallazgos revelan la necesidad de incorporar estas habilidades en los currículos educativos para mejorar los resultados académicos.
Tradicionalmente, se ha atribuido el bajo rendimiento académico a factores individuales del estudiante. Sin embargo, investigaciones actuales sugieren que el desempeño académico es el resultado de una compleja interacción entre factores individuales, sociales y emocionales. Estudios como los de Morales (2001) y Gutiérrez et al. (2007) han destacado la influencia del entorno familiar y social en el aprendizaje. A pesar de este conocimiento, la falta de una comprensión profunda de las emociones estudiantiles limita la implementación de estrategias efectivas para mejorar el rendimiento académico.
Desarrollo
La Receta Secreta para el Éxito Académico
Desde mediados del siglo XX, diversos estudios han destacado el desa[o que enfrentan las instituciones educativas debido al bajo desempeño de sus estudiantes (Vélez y Valenzuela, 1994; Erazo y Bustos, 1998; Mizala y Reinaga, 1999; Mella; Ortiz 1999; Jadue, 2003). En este momento, continúan surgiendo numerosas investigaciones cuyo principal enfoque es analizar el problema del fracaso escolar y los modelos educativos (Blumen, 2008; Abraham, Lavín, 2017 y Saucedo et al., 2020).
En este sentido las pruebas PISA 2018, que tienen como objetivo medir el desempeño escolar en tres áreas de conocimiento y evaluar la preparación de los estudiantes de 15 años para participar en la sociedad, ubicaron a Colombia en la antepenúltima posición por debajo de la media, en las materias de matemáticas y ciencias, según el informe publicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. (OCDE, 2018).
En tal sentido, el Instituto Colombiano para la Evaluación de la Educación (ICFES), presentó un informe denominado: Apuntes del ICFES para la política educativa, donde se consolidó la medición de habilidades sociales y emocionales en los estudiantes. En este documento se analizó la relación entre las habilidades sociales y emocionales que tienen los estudiantes de 3°, 5° y 9° evaluados en las pruebas de Estado con los puntajes que obtuvieron.
Al respecto, se concluye que, hay cuatro factores que inciden en el desempeño académico: la confianza en sí mismo, el manejo de las emociones, el gusto por el colegio y el trabajo en equipo (Flechas et at., 2021). Estos hallazgos, resaltan de cierta manera la importancia de considerar las habilidades socioemocionales como factor clave en el desempeño académico. De la misma forma, las investigaciones menos actuales como las más recientes sobre el desempeño académico de los estudiantes, han avanzado hacia la identificación de factores que incluyen entre otros: la inteligencia como un elemento individual, la personalidad del estudiante, así como las influencias ambientales, familiares y sociales (Morales, 2001., Gutiérrez et al., 2007; Nevárez y Barcia, 2022). Por lo tanto, el desempeño académico de los alumnos ha sido objeto de análisis, la multiplicidad de variables que influyen sobre él y los cambios que estos revisten en la sociedad. Se ha observado que estos cambios pueden afectar directamente el nivel educativo de los estudiantes, ya que brinda a los individuos diversas oportunidades para su desempeño personal y social en sintonía con el desarrollo tecnológico del mundo (Rodríguez y Porras, 2018).
En el ámbito educativo, las emociones son fundamentales en la experiencia de vida de los estudiantes y presentan un impacto significativo en su desarrollo escolar. Al respecto, se ha identificado una falta de comprensión profunda y conocimiento sólido relacionada con las emociones estudiantiles, los resultados académicos y los factores emocionales específicos, que influyen en el éxito educativo de los estudiantes. Esta carencia de conocimiento dificulta la implementación de estrategias efectivas para fomentar el bienestar emocional y mejorar los logros académicos de los estudiantes.
Si se retrocede un poco en la historia, en los años 70 se atribuía la responsabilidad de los bajos rendimientos exclusivamente a los estudiantes, sin profundizar en la comprensión de las razones subyacentes a su bajo desempeño. Los métodos pedagógicos de la época estaban centrados en el conductismo, la memorización y la repetición; esta perspectiva ofrecía una explicación simplista y reconfortante: se consideraba que los estudiantes eran perezosos o carecían de habilidades suficientes (Zimmerman, 1969).
En consecuencia, en 1995 Goleman introdujo el concepto de "analfabetismo emocional", definido este como la dificultad que tienen algunas personas para reconocer, entender y gestionar sus propias emociones y las de los demás, y que se manifiesta en adolescentes y jóvenes en edad escolar, a través de problemas como el bajo rendimiento escolar, la depresión, la ansiedad, el estrés, trastornos alimentarios como la bulimia y la anorexia, suicidios, violencia, delincuencia, abuso de sustancias, alcoholismo y comportamientos temerarios, entre otros. En ese momento, se planteó nuevamente la preocupación que el sistema educativo estaba más enfocado en impartir conocimientos académicos que en abordar la salud y el bienestar emocional de los jóvenes, lo que a menudo pasaba desapercibido. Estos problemas tienen graves implicaciones sociales y generan costos significativos tanto en términos económicos como humanos, y afectan a todas las personas, sin excepción (Goleman,1995).
Así pues, veintinueve años después de la publicación de los estudios de Goleman, aún persisten los mismos problemas que inspiraron al autor en su libro, claro está, bajo otros factores generadores. Aun se presentan eventos violentos, como el preocupante caso de un niño de trece años que contactó a la policía para informar que había cometido un acto atroz al asesinar a su madre mientras dormía (Univisión, 2023). También el caso de una estudiante del programa de Nutrición y Dietética que falleció trágicamente al lanzarse desde un cuarto piso después de presentar un examen parcial.
En este sentido, el inicio siglo XXI genera a los sistemas educativos actuales nuevos retos y más apremiantes sobre realidades que están afectado no solo del desempeño académico sino la vida emocional de estudiantes y profesores, la ideología de género y todo lo que ella implica, transición de género, transespecies, transhumanismo, y junto a esto la inteligencia artificial (I.A.) con el uso de teléfonos inteligentes y redes sociales.
Basta con leer los periódicos de algunos países para hacer una radiogra[a de la situación actual de los menores frente al uso de las tecnologías y sus implicaciones emocionales. Titulares de periodicos: Un estudio sugiere una relación entre el uso de tabletas y las rabietas en niños. Stanislas Dehaene, neurocienmfico: Las pantallas empeoran la educación de los niños porque
tienen atrapados a sus padres. El móvil no es el enemigo, esos padres tienen mucho miedo: la batalla por el primer teléfono sacude a las familias españolas. Las pantallas dejan huella en el cerebro de los jóvenes. Las desventajas de los dispositivos digitales para regular las emociones de un niño.
Se observa que existe una creciente preocupación en la sociedad española y francesa sobre el impacto del uso de dispositivos digitales, especialmente tabletas y teléfonos celulares, en el desarrollo infantil, particularmente en lo que respecta a las habilidades sociales, la regulación de emociones y el deterioro de la educación. Al punto de generar un debate importante sobre el equilibrio entre la tecnología y el desarrollo integral de los niños.
Manejo de las Emociones y Desempeño Académico
Este escrito tiene su punto de partida, en un artículo periodístico de Blu Radio titulado: Manejo de emociones está influyendo en el desempeño de estudiantes de primaria y bachillerato: ICFES. (Torres, 2022). Además, por primera vez el Instituto Colombiano para la Evaluación de la Educación Superior (ICFES), mide el impacto de las emociones en los resultados que están obteniendo los estudiantes en las pruebas SABER. Al respecto ¿que indican los indicadores?, en el caso de Colombia la magnitud de la problemática del bajo desempeño escolar presentado para el periodo 2022 en las pruebas saber, se hizo evidente años antes, en 2018 con el programa para la evaluación internacional de alumnos PISA. Entre otros resultados las pruebas PISA para Colombia, en cuanto al rendimiento en lectura, ciencias y matemáticas revela que el 40% de los estudiantes se encuentra en un nivel bajo de logro en las tres materias.
Así mismo, en el 2018, los resultados fueron inferiores a los obtenidos en 2015, aunque, la brecha entre los estudiantes con mayores puntajes, el 10 % más alto, y los menores puntajes, el 10 % más bajo, se redujo en matemática, no cambió significativamente en lectura y ciencias. En tal sentido, los datos de la figura 1 y figura 2, muestran que, en matemáticas los estudiantes de alto rendimiento se debilitaron, mientras que el rendimiento no cambió significativamente entre los de bajo rendimiento. Se observa también, puntuaciones por debajo del promedio en matemáticas, lectura y ciencias.
Nota: OECD, Base de datos PISA 2022, Tablas I.B1.5.4, I.B1.5.5 y I.B1.5.6.
Fuente: OECD, Base de datos PISA 2022, Tablas I.B1.2.1, I.B1.2.2 y I.B1.2.3
Otro aspecto analizado de las pruebas PISA es el sentido de pertenencia de los estudiantes a las escuelas y su satisfacción con la vida. En el mismo sentido, en 2022 se observaron datos reveladores con respecto a la dinámica escolar. La figura 3, muestra que un 77% de los estudiantes colombianos le resulta fácil hacer amigos en la escuela, cifra ligeramente superior al promedio de la OCDE, que es del 76%. Además, un 84% de los estudiantes en Colombia manifestó sentirse parte de su escuela, superando el promedio de la OCDE del 75%.
Por otro lado, un 21% expresó sentirse solo en la escuela y un 20% se sintió excluido o como un extraño, ambos porcentajes superando los promedios de la OCDE del 16% y 17%, respectivamente. Comparativamente, desde 2018, el sentido de pertenencia de los estudiantes a sus escuelas en Colombia no ha experimentado cambios significativos.
Nota. OECD, Base de datos PISA 2022, Tabla II. B1.1.4.
Así mismo, en los últimos años la satisfacción general con la vida ha disminuido en numerosos países y economías. Para 2022, en Colombia, el 19% de los estudiantes indicó insatisfacción con su vida, puntuándola entre 0 y 4 en una escala de 0 a 10. Esto representa un aumento respecto a 2018, cuando solo el 14% de los estudiantes se senma insatisfecho. (OCDE, 2023). En el mismo sentido, en el contexto de los países de la OCDE, la tendencia es similar, la proporción de estudiantes insatisfechos con la vida creció del 11% en 2015 al 16% en 2018, alcanzando el 18% en 2022.
Respecto a la seguridad en su entorno, en Colombia, un 17% de los estudiantes reportó no sentirse seguro en su trayecto a la escuela, cifra que supera el promedio de la OCDE del 8%. Con respecto a la seguridad en el aula, un 7% de los estudiantes colombianos expresó sentirse inseguro, coincidiendo con el promedio de la OCDE mientras que un 8% indicó no sentirse seguro en otras áreas de la escuela, como pasillos, cafetería o baños, siendo este porcentaje menor al promedio de la OCDE del 10%. (OCDE, 2023) También se identificó que, alrededor de un 23 % de las niñas y un 25 % de los niños en Colombia reportaron acoso escolar al menos varias veces al mes, superando el promedio de la OCDE, que es del 20 % para las niñas y del 21 % para los niños. En relación al avance educativo, se reportó que cerca del 39% de los estudiantes en Colombia han repetido al menos un grado una vez después de su ingreso a la escuela primaria, este dato contrasta con el promedio de la OCDE, que es del 9%. Cabe destacar que, en los sistemas educativos de alto desempeño, la repetición de grados suele ser menos habitual. (OCDE, 2023).
Finalmente, los datos revelan una estabilidad en el tiempo en cuanto al sentido de pertenencia de los estudiantes a sus escuelas. A pesar de esto, la persistencia de sentimientos de soledad y exclusión en un grupo considerable de estudiantes indica la importancia de implementar estrategias en las instituciones para mejorar el clima escolar y fomentar relaciones interpersonales positivas.
De otra parte, los estudiantes muestran un alto nivel de satisfacción con sus relaciones sociales dentro del entorno escolar. La mayoría de ellos afirma que les resulta fácil hacer amigos y se sienten parte de su escuela. Sin embargo, a pesar de estos resultados positivos, una proporción significativa de estudiantes reporta sentirse solo o excluido.
Esta aparente contradicción sugiere la necesidad de profundizar en el análisis para entender las razones detrás de estas emociones.
Con respecto a la salud emocional en el país las cifras son contundentes, en lo que va de 2024, Medicina Legal reporta 145 casos de suicidio en menores, superando los 142 del año anterior. Paralelamente, se han registrado 260 homicidios de menores, lo que evidencia la urgencia de abordar esta problemática y fortalecer las habilidades socioemocionales en niños, niñas y adolescentes.
La alarmante escalada de suicidios y homicidios entre menores, así como los bajos resultados en las Pruebas Saber 11, han puesto de manifiesto una preocupante realidad: el creciente analfabetismo emocional en nuestra sociedad.
Estos incidentes siguen confirmando la necesidad de una educación emocional que procure el desarrollo de habilidades emocionales durante la infancia, fundamentales para lograr el éxito en la vida, más allá de las calificaciones académicas, las habilidades que incluyen competencias sociales e individuales, así como la capacidad de expresar adecuadamente las propias necesidades al relacionarse con su entorno, proporcionan una ventaja significativa en la vida cotidiana. (Goleman, 1995).
La educación emocional tiene un propósito, promover el bienestar personal y social, estableciéndose como marco integral para el desarrollo de la personalidad del individuo. (Bisquerra y Pérez, 2012). Desde esta perspectiva, la educación emocional se concibe como una forma de prevención general que puede tener impactos positivos en la prevención de conductas violentas, el consumo de drogas, el estrés, los estados depresivos, etc.
En tal sentido, la comunidad académica ha destacado la importancia de enfatizar la prevención y el apoyo emocional en el entorno académico, y de estar atentos a posibles señales de alerta, como pensamientos suicidas, trastornos emocionales graves, desesperanza, agitación, conducta poco comunicativa o aislamiento social. (Reyes, 2023).
También, en Colombia como en otros países la educación se centró en el desarrollo cognitivo y a menudo se descuidó el crecimiento emocional de los estudiantes, es necesario optar por una educación emocional cuyo objetivo sea transmitir un conocimiento más profundo de los fenómenos emocionales, fomentar la conciencia emocional, desarrollar la capacidad de autorregulación emocional y promover una actitud positiva hacia la vida, en esencia orientada a educar para la vida, teniendo presente que las repercusiones de la educación emocional se manifiestan en las relaciones interpersonales, el ambiente en el aula, la disciplina y el rendimiento académico, entre otros.
Ley 2383 de 19 de julio de 2024
Finalmente, en Colombia después de varios debates en el congreso se firma, la ley No. 2383 de 19 de Julio de 2024, por medio de la cual se promueve la educación socioemocional de los niños, niñas y adolescentes en las instituciones educativas de preescolar, primaria, básica y media en Colombia. Que tiene como objeto en su primer armculo, promover de manera transversal la educación socioemocional de los niños, niñas y adolescentes en los centros e instituciones educativas de los niveles preescolar, primaria, básica y media del país, dentro de un marco de desarrollo integral.
Presenta cuatro líneas de intervención: la primera, educación socioemocional y pedagogía de la confianza, liderazgo, la formación en valores y principios éticos, y hábitos saludables en niños, niñas y adolescentes.
La segunda, formación permanente en educación: socioemocional para los educadores y educadoras, y los maestros con mtulo de normalista superior y/o licenciados.
La tercera, educación socioemocional para las relaciones interpersonales e institucionales.
La cuarta y última, escuela socioemocional para padres, madres o representante legal de los niños, niñas y adolescentes. (Ley 2383 de 2024)
Para el proceso de implementación de la educación socioemocional, el Comité Nacional de Convivencia Escolar se encargará de desarrollar un marco teórico y práctico. Las instituciones educativas de todos los niveles, preescolar, primaria, básica y media implementarán las estrategias de educación socioemocional en sus aulas. Por último, el Comité Nacional de Convivencia Escolar, en conjunto con las instituciones educativas, realizará un seguimiento continuo del proceso de implementación.
En lo que respecta a la segunda línea de intervención, los docentes, como agentes clave en la educación, requieren una formación continua en competencias socioemocionales. Al enfrentar desa[os laborales que pueden afectar su bienestar emocional, como el estrés, la ansiedad y el agotamiento, la educación emocional se convierte en una herramienta indispensable para su desarrollo personal y profesional. Al fortalecer sus propias habilidades emocionales, los docentes estarán mejor preparados para acompañar a sus estudiantes en su crecimiento. También, la salud mental de los estudiantes emerge como un factor determinante en su desempeño académico. Según datos del CONPES 2020, el deterioro de la salud mental en la población colombiana es alarmante, con un aumento de trastornos relacionados con la violencia y el consumo de sustancias psicoactivas.
Ante este panorama, el Ministerio de Educación Nacional ha implementado diversas iniciativas para abordar esta problemática y promover el bienestar socioemocional de los estudiantes, en colaboración con el Ministerio de Salud y Protección Social. A través del SIUCE y protocolos de atención específicos, se busca prevenir la violencia escolar y el consumo de sustancias, y garantizar la inclusión de estudiantes con necesidades especiales.
Muchas son las tareas para la educación, llegar a comprender todo aquello que influye en las emociones, desde lo que comemos, hasta el uso de las pantallas y los dispositivos electrónicos. Crear estrategias para el manejo de las emociones que puedan afectar el desempeño escolar. Capacitar a familiares y docentes para enseñar prácticas emocionales positivas, moldear los patrones emocionales de los estudiantes durante su etapa de desarrollo, durante su periodo de desarrollo a lo largo de la infancia y la adolescencia teniendo en cuanta que las enseñanzas emocionales más significativas son aquellas que los padres transmiten a sus hijos. (Goleman, 2010).
Conclusión
En primer lugar, existe una falta de comprensión sobre las emociones estudiantiles y su relación con los resultados académicos, lo que dificulta la implementación de estrategias efectivas para fomentar el bienestar emocional y mejorar los logros académicos.
En segundo lugar, la educación ha estado históricamente más enfocada en impartir conocimientos académicos que en abordar la salud y el bienestar emocional de los jóvenes, lo que ha llevado a problemas como el bajo rendimiento escolar y otros trastornos emocionales.
En tercer lugar, la medición de habilidades sociales y emocionales en los estudiantes ha revelado que estas habilidades son clave para el éxito educativo, lo que resalta la importancia de integrar la educación socioemocional en los sistemas educativos.
En cuarto lugar, las estrategias pedagógicas que integran el componente emocional pueden mejorar la retención y el compromiso de los estudiantes.
Además, fomentar un ambiente educativo positivo puede aumentar la disposición al aprendizaje y promover el bienestar emocional de los alumnos. La conexión entre cognición, emoción y aprendizaje subraya la necesidad de considerar tanto los factores cognitivos como emocionales al planificar y ejecutar procesos educativos efectivos.