Introducción

La indecisión vocacional constituye uno de los fenómenos más relevantes en el campo de la orientación educativa y profesional, especialmente durante la adolescencia, etapa en la que los jóvenes enfrentan importantes transiciones evolutivas y deben tomar decisiones que influirán significativamente en su trayectoria académica, personal y laboral (Mata-Correas, 2022). Esta etapa se caracteriza por procesos de exploración identitaria, reconfiguración de los vínculos y apertura al futuro, lo que la convierte en un momento crítico para la construcción del proyecto de vida (Flores-Buils & Mateu-Pérez, 2025).

El concepto de indecisión vocacional ha sido definido como la dificultad para tomar decisiones sobre la carrera futura, entendida no como un fenómeno aislado, sino como parte de un proceso de desarrollo en el que pueden presentarse períodos de incertidumbre, exploración activa, conflicto interno y búsqueda de sentido (Levin et al., 2020).

Esta situación puede surgir en contextos donde la elección se encuentra todavía en construcción y requiere mayor clarificación, así como en escenarios en los que las dificultades para decidir son persistentes y generan un estancamiento en la definición del proyecto profesional (Levin et al., 2020).

La literatura contemporánea enfatiza que no debe concebirse exclusivamente desde una perspectiva patológica o deficitaria, sino como un fenómeno multidimensional que, en determinadas condiciones, puede transformarse en una oportunidad de aprendizaje y fortalecimiento personal, siempre que los individuos dispongan de recursos psicosociales y contextuales que favorezcan la toma de decisiones (Amaral et al., 2023).

En concordancia con esta visión, la investigación reciente reconoce que la indecisión vocacional está influida por la interacción de factores personales, sociales, culturales y educativos, los cuales se combinan para modelar las posibilidades, los tiempos y las condiciones en las que se concreta la elección profesional (Vargas-Hernández et al., 2022; Zhu et al., 2021).

En el presente estudio se adopta este enfoque integrador, que permite examinar cómo cada uno de estos componentes aporta elementos específicos que, en su conjunto, configuran la experiencia de indecisión y condicionan su resolución.

En primer lugar, los factores personales remiten al conjunto de características individuales que intervienen en la toma de decisiones vocacionales. Estos aspectos se relacionan con la percepción subjetiva de las propias capacidades, intereses y expectativas de logro, constituyendo un eje central para comprender los mecanismos internos que inciden en la indecisión (Chaves-Montero & Rivera-Rojas, 2023).

Por su parte, los factores sociales aluden a las influencias ejercidas por los grupos de referencia, como la familia, los pares y el entorno, que pueden actuar como apoyos o, por el contrario, obstaculizar el proceso de elección (Barnes et al., 2020; Lent & Brown, 2020).

En cuanto a los factores culturales, estos engloban las normas, valores, representaciones colectivas y expectativas sociales respecto al mundo del trabajo, las cuales moldean las aspiraciones juveniles y los significados atribuidos a determinadas trayectorias profesionales (Santilli et al., 2020).

Finalmente, los factores educativos comprenden tanto la estructura y calidad del sistema educativo como el grado de articulación entre la oferta formativa y las exigencias del entorno laboral, lo cual incide directamente en la percepción de oportunidades reales y en la preparación para la toma de decisiones vocacionales (Min et al., 2024).

El impacto de esta problemática no es menor. Datos recientes del informe PISA señalan que dos de cada cinco estudiantes presentan indecisión vocacional, una proporción que ha crecido desde 2018 y que influye negativamente en su bienestar y compromiso con las elecciones académicas (OECD, 2024).

La relevancia científica de este tema radica en que comprender los factores que intervienen en la indecisión vocacional permite diseñar intervenciones que no solo mejoren la calidad de las elecciones académicas y profesionales, sino que también contribuyan al bienestar psicológico y a la reducción de la deserción. En términos sociales, se trata de una cuestión clave para el desarrollo del capital humano y la optimización del talento en un país como Panamá, que enfrenta retos de competitividad global y de sostenibilidad en su fuerza laboral. La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible enfatiza la necesidad de sistemas de orientación inclusivos, adaptativos y capaces de integrar la identidad personal con los factores ambientales, sociales y económicos, de manera que se prepare a los jóvenes para un futuro incierto y altamente cambiante (Hernández-Franco, 2019).

Este trabajo tiene como objetivo analizar, a partir de una revisión sistemática de la literatura publicada en los últimos diez años, los factores personales, culturales, sociales y educativos que inciden en la indecisión vocacional en estudiantes de secundaria en Panamá, así como los modelos teóricos que se han aplicado para su comprensión en este contexto. En este marco, se plantea la siguiente pregunta de investigación: ¿cuáles son los factores personales, culturales, sociales y educativos que inciden en la indecisión vocacional en estudiantes de secundaria en Panamá? La presente revisión parte de una perspectiva que entiende la indecisión vocacional como un fenómeno complejo, situado y multifactorial, cuya manifestación está condicionada tanto por aspectos individuales como por estructuras sociales, culturales y educativas. Este abordaje permite ampliar la comprensión del fenómeno y contribuir al desarrollo de estrategias contextualizadas de orientación educativa y profesional en el escenario panameño actual.

1.1 La orientación vocacional en Panamá

El sistema educativo panameño se encuentra respaldado por un andamiaje normativo, legal y estratégico que reconoce a la educación como un derecho humano fundamental. La Constitución Política de 2004 establece este principio y lo complementa con políticas públicas orientadas a garantizar el acceso, la permanencia y la equidad educativa (SITEAL, 2023). En este contexto, la orientación vocacional se perfila como un componente esencial, no solo para facilitar el ingreso a la educación superior, sino también para favorecer la culminación exitosa de los estudios y la inserción laboral de los jóvenes.

El Plan Estratégico de Gobierno 2019-2024 refuerza esta perspectiva al definir la educación como un eje central del desarrollo económico, social y político del país. Entre sus prioridades se destacan la calidad educativa, la equidad, la formación docente y una gestión eficiente del sistema, elementos que configuran un entorno propicio para fortalecer la orientación vocacional (SITEAL, 2023).

Ante problemáticas persistentes como la deserción estudiantil, el cambio frecuente de carrera, la prolongación de los tiempos de graduación, entre otros, se torna indispensable el diseño e implementación de estrategias de orientación vocacional que acompañen a los estudiantes desde sus primeros años formativos hasta su transición hacia la vida profesional (Mora, 2024).

Estas dificultades, lejos de ser fenómenos aislados, se vinculan estrechamente con estados prolongados de indecisión vocacional, lo que dificultad la toma de decisiones académicas y profesionales en momentos clave del desarrollo. La falta de claridad en el proyecto de vida, sumada a la ausencia de acompañamiento sistemático, agrava la incertidumbre y contribuye a elecciones vocacionales poco informadas, que muchas veces derivan en trayectorias educativas discontinuas o en decisiones incongruentes con los intereses y habilidades del estudiantado (Erazo Guerra & Rosero Morales, 2021).

En respuesta a estos desafíos, el Ministerio de Educación de Panamá ha desarrollado diversas iniciativas destinadas a institucionalizar la orientación vocacional en todos los niveles educativos. Entre las acciones más destacadas se encuentran la creación de plataformas digitales que permiten a los estudiantes explorar carreras, evaluar sus intereses y conocer las oportunidades laborales vigentes (MEDUCA, 2024a). Estas herramientas digitales, complementadas por guías impresas y recursos para docentes, apuntan a una mayor personalización del proceso de toma de decisiones vocacionales.

De igual modo, se han promovido programas de orientación vocacional articulados con las universidades, en busca de facilitar la transición entre la educación media y la superior, y asegurar la pertinencia de las decisiones académicas con relación al contexto laboral (MEDUCA, 2022).

1.1.1 De la guía ocupacional a un enfoque integral

La orientación vocacional ha recorrido un largo camino desde sus primeras formulaciones centradas exclusivamente en el ajuste entre las características individuales del estudiante y las profesiones disponibles. Originalmente enfocada en los intereses laborales y habilidades específicas, esta práctica ha evolucionado hacia una concepción más amplia que reconoce la complejidad del desarrollo humano, considerando las trayectorias personales, educativas y profesionales de los sujetos (Ayala, 2018).

Este cambio responde, en parte, a los nuevos desafíos del mundo contemporáneo, donde la inestabilidad laboral, la diversificación de las carreras y la necesidad de adaptación permanente exigen una orientación vocacional que acompañe a los individuos más allá del ingreso inicial al mundo del trabajo. En este sentido, la orientación se ha redefinido como un proceso continuo, dinámico y contextualizado, que promueve no solo decisiones informadas, sino también el fortalecimiento del proyecto de vida (Chávez et al., 2023).

A la par de este giro conceptual, se ha producido una ampliación metodológica. Ya no se trata únicamente de la aplicación de tests o asesorías puntuales, sino de construir entornos educativos que favorezcan el autoconocimiento, el desarrollo de competencias y la conexión significativa entre los intereses personales, las capacidades y las oportunidades externas (Vargas-Hernández et al., 2022).

1.1.2 Hacia una orientación psicopedagógica y contextual

En las últimas décadas, la orientación vocacional ha adoptado enfoques psicopedagógicos que integran las dimensiones sociales, emocionales y culturales del sujeto. Este enfoque reconoce que la elección vocacional no puede entenderse de forma aislada, sino en el entramado de relaciones familiares, escolares y comunitarias que modelan las aspiraciones y decisiones de los jóvenes (Chávez et al., 2023).

Además, se reconoce que el proceso vocacional no es lineal ni estático. Las condiciones del entorno, la información disponible, el acompañamiento profesional y las experiencias de vida moldean continuamente las representaciones que los jóvenes tienen sobre sí mismos y sobre el mundo del trabajo. Por ello, se propone un modelo diagnóstico, preventivo y ecológico, que contemple tanto las características individuales como las circunstancias sociales en las que se inscribe cada trayectoria (Bravo-Cobeña et al., 2021).

Esta visión constructivista entiende la orientación como una práctica educativa que favorece el desarrollo de capacidades metacognitivas y socioemocionales. No se trata simplemente de elegir una carrera, sino de construir activamente un sentido de dirección personal y profesional, en diálogo con las posibilidades reales y simbólicas del contexto.

1.2 Fundamentos conceptuales y perspectivas actuales sobre la indecisión vocacional

Los fundamentos conceptuales y las perspectivas actuales sobre la indecisión vocacional constituyen un eje clave para esta investigación, ya que permiten comprender este fenómeno dentro del marco de la orientación educativa y profesional contemporánea.

Se abordan los conceptos esenciales, los enfoques teóricos que lo sustentan, las principales tipologías y modelos explicativos vigentes, así como los factores que inciden en su aparición y mantenimiento.

1.2.1 Conceptualización y modelos explicativos

La indecisión vocacional, entendida como la dificultad para tomar decisiones sobre la trayectoria académica y profesional futura, ha sido ampliamente estudiada a nivel internacional, mientras que en Panamá su abordaje sigue siendo incipiente. En este marco, las investigaciones recientes se orientan a identificar sus causas, describir sus manifestaciones y evaluar las estrategias de intervención más eficaces (Mata-Correas, 2022).

Se reconoce que las dificultades para decidir en el ámbito vocacional no responden a un único origen ni presentan la misma intensidad, lo que ha dado lugar a dos enfoques ampliamente aceptados en la literatura. La indecisión vocacional de carácter evolutivo se asocia a una etapa transitoria del desarrollo, vinculada principalmente a limitaciones en la preparación previa, a carencias en el acceso a información pertinente o a procesos de exploración aún incompletos (Levin et al., 2020).

En contraste, la indecisión vocacional de naturaleza compleja se caracteriza por su persistencia en el tiempo y por estar condicionada por una interacción de factores que pueden limitar la claridad de metas, generar ambivalencia ante opciones diversas o dificultar la correspondencia percibida entre aspiraciones y oportunidades reales (Amaral et al., 2023).

Desde esta perspectiva, más que clasificar a los individuos, se analizan patrones que permiten comprender la diversidad de manifestaciones de la indecisión. En el plano operativo, este constructo se define a partir de indicadores observables durante el proceso de toma de decisiones y se evalúa mediante instrumentos psicométricos desarrollados y validados para este propósito (Xu & Bhang, 2019).

En el plano teórico, se observa una convergencia entre enfoques de corte más estructural y modelos que destacan la dimensión subjetiva de la experiencia vocacional. Las perspectivas narrativas, como la teoría de la construcción de carrera y el life design, interpretan la indecisión como una manifestación de cambio y formación de una nueva identidad psicosocial, poniendo el acento en la adaptabilidad y el sentido de agencia de la persona para diseñar su vida en entornos inciertos (Savickas, 2020).

Estas aproximaciones subrayan que el proceso de decisión está profundamente influido por el contexto social y cultural, así como por las oportunidades y restricciones que este impone (Lent & Brown, 2020).

La evidencia internacional confirma que participar en programas de orientación vocacional estructurados y personalizados reduce la indecisión y favorece elecciones más coherentes con los intereses y habilidades del estudiante (OECD, 2024).

A su vez, se señala que los programas más eficaces son aquellos que incluyen actividades prácticas como tareas y ejercicios escritos, simulaciones, retroalimentación individualizada, acceso a información actualizada sobre el mundo laboral, modelado social, fortalecimiento de redes de apoyo, clarificación de valores y psicoeducación, acompañando al estudiante hasta la consecución de los objetivos planteados (Chaves-Montero & Rivera-Rojas, 2020).

1.2.2 Factores personales, culturales, sociales y educativos asociados a la indecisión vocacional

Las investigaciones comparativas han identificado múltiples variables personales vinculadas con la indecisión vocacional. Entre ellas destacan la percepción de autoeficacia, entendida como la creencia en la propia capacidad para elegir de manera informada y satisfactoria (Mbanga et al., 2024) y el locus de control, que puede orientar la interpretación de las decisiones como resultado de la propia agencia o como efecto de fuerzas externas (Xu & Bhang, 2019). Asimismo, se han documentado asociaciones significativas con rasgos como la ansiedad anticipatoria, la intolerancia a la ambigüedad y la escasa claridad de metas (Levin et al., 2020). Estos factores, cuando se combinan con un desarrollo insuficiente de la identidad vocacional o con un autoconocimiento limitado, tienden a prolongar la vacilación frente a la elección profesional y a incrementar el riesgo de desajuste entre intereses y trayectoria.

Desde un enfoque cultural, la literatura internacional ha mostrado que los estereotipos de género, las jerarquías ocupacionales y la valoración diferencial de carreras universitarias frente a opciones técnicas pueden restringir el campo de posibilidades percibidas (OECD, 2024). En determinados contextos, se observa que la cultura fomenta la exploración y la autonomía en la toma de decisiones, mientras que en otros se privilegia la conformidad con expectativas familiares o comunitarias, reduciendo así la flexibilidad para ajustar el proyecto profesional a los intereses individuales.

Las condiciones socioeconómicas, el capital social disponible y el acceso a redes de apoyo constituyen determinantes clave en los procesos decisionales. Estudios longitudinales han demostrado que la disponibilidad de información confiable, el acompañamiento de adultos significativos y la existencia de referentes ocupacionales favorecen una mayor claridad vocacional (Leung et al., 2022). Por el contrario, la precariedad económica, el desempleo juvenil y la inestabilidad del mercado laboral global generan escenarios de incertidumbre que tienden a intensificar la indecisión [2]. La influencia de la familia, del cuerpo docente y de los pares, así como la presión social para optar por profesiones percibidas como más rentables o prestigiosas, son elementos que pueden actuar como facilitadores o como obstáculos según la congruencia con los intereses del individuo (Colque Tito et al., 2022).

El diseño y la organización de los sistemas educativos influyen de forma directa en la capacidad de los estudiantes para explorar y definir opciones. La investigación ha destacado que los contextos escolares que fomentan la especialización temprana sin ofrecer experiencias de exploración vocacional reducen la posibilidad de ajustar decisiones a medida que evoluciona el autoconcepto (OECD, 2024).

La calidad, continuidad y accesibilidad de los programas de orientación vocacional constituyen otro factor determinante, las intervenciones que combinan información actualizada sobre el mercado laboral, entrenamiento en habilidades decisionales y acompañamiento personalizado se asocian con menores niveles de indecisión y con una mayor satisfacción con la elección realizada. En cambio, la ausencia de estas condiciones, sumada a la desconexión entre oferta educativa y demanda laboral, tiende a prolongar la incertidumbre y a aumentar el riesgo de abandono o cambio de carrera (Magallón-Olivardía, 2025).

Metodología

El presente estudio se fundamentó en una revisión bibliográfica orientada a identificar, analizar y sintetizar la producción académica publicada entre 2015 y 2025 sobre la indecisión vocacional en Panamá, con énfasis en los factores personales, culturales, sociales y educativos, así como en los modelos teóricos que contribuyen a su explicación. Se incluyeron artículos científicos en revistas indexadas, libros académicos, capítulos de libros, informes técnicos y documentos oficiales emitidos por organismos nacionales vinculados con la educación y el empleo juvenil.

La búsqueda se realizó entre enero y abril de 2025 en las bases de datos Scielo, Redalyc y Google Scholar, así como en repositorios nacionales especializados. Para la localización de los documentos se emplearon combinaciones de palabras clave en español: “indecisión vocacional”, “orientación vocacional”, “orientación profesional y educativa”, “factores personales”, “factores culturales”, “factores sociales”, “factores educativos” y “modelos teóricos de orientación profesional”.

La búsqueda inicial permitió recuperar 58 documentos. Posteriormente, se aplicaron criterios de selección que llevaron a la exclusión de aquellos que no abordaban el contexto panameño (n=17), carecían de rigor metodológico (n=2), presentaban duplicación en distintas bases de datos (n=8), o se limitaban a menciones tangenciales sin análisis sustantivo (n=6). Tras este proceso de depuración, el corpus final quedó conformado por 25 fuentes que cumplían con los criterios establecidos.

El procedimiento metodológico se desarrolló en tres fases: en primer lugar, la localización y recuperación de los documentos; en segundo lugar, una lectura analítica orientada a identificar enfoques, tipologías y factores vinculados a la indecisión vocacional en Panamá; y finalmente, un análisis de contenido con síntesis interpretativa que permitió organizar la información en categorías temáticas coherentes con los objetivos del estudio. Este proceso posibilitó la comparación de perspectivas, la identificación de convergencias y divergencias en la literatura y la extracción de implicaciones teóricas y prácticas relevantes para comprender y abordar el fenómeno en el país.

Análisis e Integración de la Información

El apartado integra de manera sistemática los resultados derivados de la revisión bibliográfica con un examen crítico de la evidencia empírica identificada, articulando la descripción de los hallazgos con su análisis interpretativo. Su finalidad es proporcionar una síntesis de los factores que inciden en la indecisión vocacional en el contexto panameño, estableciendo un marco de referencia para su comprensión y para la delimitación de su relación con los objetivos de la investigación.

3.1 Desarrollo

La revisión de la literatura evidencia que, en el contexto panameño, la indecisión vocacional juvenil es un campo de estudio aún incipiente, con escasa producción académica que la aborde como objeto central de análisis. A diferencia de lo observado en otros países, donde el concepto cuenta con un desarrollo teórico robusto, en Panamá los antecedentes se concentran en estudios orientados a favorecer la toma de decisiones profesionales o a describir estrategias y programas de orientación vocacional, en los que la indecisión aparece de manera implícita o como variable secundaria. El análisis realizado en esta revisión permitió rastrear y sistematizar estas referencias dispersas, reorganizándolas desde la perspectiva de la indecisión vocacional.

3.1.1 Factores personales

En el análisis de la indecisión vocacional, la dimensión personal constituye un eje vertebrador que engloba el conjunto de procesos internos que intervienen en la capacidad de un individuo para proyectar y elegir un itinerario académico o laboral. Entre estos procesos destacan el autoconocimiento, la percepción de autoeficacia, la madurez vocacional, la regulación emocional y la construcción de la identidad profesional, todos ellos interrelacionados y con un impacto significativo en la definición o, en su ausencia, en la postergación de decisiones (Levin et al., 2020; Mbanga et al., 2024; Xu & Bhang, 2019). La literatura académica panameña, aunque todavía emergente, converge en señalar que la ausencia o insuficiencia de estos recursos subjetivos no solo dificulta la claridad de metas, sino que incrementa la probabilidad de que el estudiante se mantenga en un estado prolongado de indecisión.

Uno de los aspectos más reiterados en las investigaciones revisadas es el déficit de autoconocimiento como barrera central para resolver la indecisión vocacional. Según la Guía de Orientación Vocacional del Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral, una proporción considerable de estudiantes concluye la educación media sin haber realizado una exploración sistemática de sus intereses, valores y fortalezas personales, lo que obstaculiza la formulación de objetivos profesionales consistentes y deja a muchos en un escenario de vacilación e inseguridad (Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral, 2019). En un estudio realizado en la provincia de Coclé, se observó que, si bien el 83,3% de los estudiantes reportó haber participado en experiencias o actividades que favorecieron la identificación de sus motivaciones e intereses, un 13,3% manifestó incertidumbre al respecto y un 3,3% afirmó no haber accedido a este tipo de instancias (Magallón-Olivardía, 2025). Este patrón evidencia que, aun existiendo oportunidades de autoconocimiento, un sector de jóvenes no logra traducir dichas experiencias en una decisión vocacional concreta, permaneciendo en un estado de indecisión.

A esta variable se le suma un componente emocional que la literatura considera determinante en la persistencia de la indecisión. Estados afectivos como la ansiedad, el miedo al fracaso y la presión interna por “acertar” en la elección generan bloqueos que paralizan el proceso decisional (Tuñón de Suleiman, 2019). Dichas emociones suelen intensificarse en ausencia de espacios de contención y reflexión que permitan al estudiante verbalizar sus temores y elaborar estrategias de afrontamiento. En este marco, la indecisión no puede interpretarse únicamente como una carencia de información, sino también como una experiencia emocional que se retroalimenta y prolonga cuando no se interviene oportunamente desde el ámbito psicológico y educativo.

En el marco del programa NEO (una iniciativa desarrollada en varios países latinoamericanos para mejorar la inserción laboral juvenil), se señala que las dificultades para definir una trayectoria profesional pueden originarse o intensificarse cuando determinados factores internos no alcanzan un desarrollo adecuado. La identidad, el autoconcepto y la autoestima constituyen referentes esenciales para reconocer y aceptar las propias capacidades y limitaciones; su fragilidad incrementa la inseguridad y prolonga la vacilación frente a la elección. Asimismo, ciertos rasgos individuales favorecen la exploración activa de alternativas, mientras que otros conducen a la evitación y al aplazamiento. Las aptitudes, capacidades e intereses, si no se detectan y fortalecen en entornos de apoyo, dejan al estudiante sin un marco de referencia para orientar sus decisiones, reforzando la incertidumbre. Finalmente, los valores operan como criterios de priorización de metas, y su conflicto con expectativas externas genera tensiones que dificultan cerrar el proceso de elección profesional (Székely et al., 2018).

Finalmente, se ha identificado que las experiencias significativas (tanto positivas como negativas) dejan huellas que moldean la personalidad y pueden funcionar como referentes para la elección profesional. Integrar estas vivencias de manera constructiva fortalece la capacidad de superar la vacilación y avanzar hacia una definición coherente con la historia personal. Sin embargo, un aspecto crítico identificado en la revisión es el limitado acceso a información estratégica sobre el mercado laboral. En un estudio realizado con estudiantes panameños, el 54% declaró no conocer, o conocer muy poco, las carreras con mayor demanda en el país, mientras que el 46% afirmó disponer de esa información. Además, el 94% consideró fundamental recibir una orientación personalizada que articule las opciones académicas con las demandas reales del mercado de trabajo (Ramos Yee & Goicoechea, 2018). Estos datos subrayan que, aun cuando se desarrollen recursos internos, su capacidad para resolver la indecisión vocacional depende en gran medida de la articulación con información contextualizada y pertinente, capaz de reducir la incertidumbre y acortar los tiempos de vacilación.

3.1.2 Factores culturales

El informe Diagnóstico de la Educación Superior en Panamá señala que persisten imaginarios que jerarquizan las profesiones universitarias por encima de la formación técnica, lo que contribuye a la saturación de determinadas áreas académicas y al déficit de profesionales en otras estratégicas para el desarrollo del país. Este sesgo cultural hacia ciertas titulaciones puede llevar a que los jóvenes opten por opciones socialmente reconocidas, pero poco alineadas con sus aptitudes e intereses, aumentando el riesgo de insatisfacción y de indecisión ante la necesidad de replantear la trayectoria (Reisberg, 2021).

Los estereotipos de género constituyen una de las expresiones más tempranas y persistentes de la influencia cultural. La Política Nacional de Igualdad de Género en Ciencia, Tecnología e Innovación al 2040 evidencia que, ya a los cinco años, una proporción significativa de niñas y niños proyecta su futuro en roles tradicionales y que desde los seis las niñas muestran una menor percepción de autoeficacia en determinadas áreas. Estas creencias se reflejan posteriormente en las preferencias vocacionales. En la última evaluación PISA, la brecha en matemáticas fue de ocho puntos a favor de los varones (Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, 2023).

El Informe del Programa de Orientación Vocacional y Empleo señala que las mujeres tienden a concentrarse en áreas como docencia, enfermería o administración, mientras que los hombres predominan en ingenierías, tecnologías y oficios técnicos. Este patrón, además de limitar la diversidad vocacional, refuerza desigualdades estructurales en el acceso a oportunidades y dificulta que quienes desean incursionar en campos no tradicionales encuentren un camino claro, alimentando así la inseguridad frente a la elección (Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral, 2025a).

La influencia de estereotipos y jerarquías culturales también se manifiesta en los mensajes contradictorios que reciben los jóvenes. La Guía de Orientación Vocacional del Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral advierte que, mientras se alienta a “seguir los sueños”, se desincentivan determinadas carreras por considerarse poco rentables o de escaso reconocimiento (Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral, 2019). Esta doble señal cultural reduce el espectro de exploración vocacional y puede generar sentimientos de inseguridad cuando las inclinaciones personales no coinciden con lo socialmente validado.

Otra tensión relevante es la cultura del éxito inmediato y la valoración de la rentabilidad económica como criterio prioritario para decidir. Un estudio realizado sobre la temática, halló que más del 70 % de los jóvenes sentían que debían elegir su carrera en función de lo que genera mejores ingresos, aunque ello no coincidiera con sus intereses o habilidades. Esta disonancia entre motivación interna y mandato cultural refuerza la inseguridad, provoca frustración y puede derivar en cambios de carrera o deserción, fenómenos íntimamente vinculados a la indecisión vocacional (Tuñón de Suleiman, 2019).

Finalmente, los valores comunitarios transmitidos intergeneracionalmente también fueron abordados en la literatura. Se ha señalado que, en muchas familias panameñas, la elección profesional no se concibe como una decisión individual, sino como un acto colectivo en el que intervienen padres, abuelos y referentes comunitarios. Si bien esta visión puede fortalecer el sentido de pertenencia, también puede restringir la autonomía cuando no se acompaña de espacios de reflexión crítica que permitan validar las diferencias individuales (Campoverde Narváez et al., 2019). En contextos donde las expectativas comunitarias entran en conflicto con los deseos personales, la indecisión tiende a intensificarse, al quedar el estudiante atrapado entre la fidelidad a su entorno y la necesidad de afirmar su propio proyecto de vida.

3.1.3 Factores sociales

La familia aparece de forma consistente como el agente más influyente en el proceso vocacional. Un estudio señala que una parte significativa de los estudiantes panameños reconoce que las expectativas familiares ocupan un lugar prioritario al momento de decidir su carrera, incluso por encima de sus intereses personales (Ramos Yee & Goicoechea, 2018). Otra investigación sobre la temática aporto que, entre los motivos más utilizados para seleccionar una carrera, se incluía la influencia familiar, lo que señala que el capital cultural y educativo de la familia influye en el proceso de toma de decisiones (Navarro Bernal & Martínez Ramírez, 2022). El Ministerio de Educación de Panamá advierte que esta influencia debe ser analizada por los orientadores para potenciar sus aportes positivos y evitar que se convierta en una presión contraria a los intereses y al proyecto de vida del estudiante. La creación de espacios escolares que favorezcan el diálogo y la negociación familiar respetuosa permite atenuar estos conflictos y reducir la probabilidad de que la indecisión se prolongue (Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral, 2020).

A su vez, las condiciones socioeconómicas familiares constituyen un condicionante estructural con alto potencial de influir en la indecisión. La disponibilidad de recursos, el costo de las carreras, la necesidad de una rápida inserción laboral y la ubicación geográfica inciden no solo en la elección inicial, sino también en la posibilidad de completar los estudios elegidos. Cuando las opciones académicas percibidas como viables no coinciden con las aspiraciones originales, puede producirse un estancamiento en el proceso de elección o una toma de decisiones apresurada para ajustarse a las limitaciones económicas (Asamblea Nacional, 2024).

El profesorado y los orientadores escolares constituyen otro núcleo de influencia clave. Más allá de su papel en la transmisión de contenidos, estos agentes validan habilidades, ofrecen referencias sobre opciones académicas y acompañan la exploración vocacional. Cuando esta función no se ejerce de forma consistente o carece de integración en el plan educativo, se limita el acceso a información confiable y al apoyo personalizado (Herazo Vega, 2024). El contacto frecuente entre orientadores y estudiantes, con espacios dedicados a explorar intereses y dudas, resulta fundamental no solo para ampliar el horizonte de opciones, sino también para que el estudiante pueda tomar decisiones con mayor seguridad.

Las relaciones con pares y amistades cercanas también fueron señaladas en la literatura revisada como un factor de incidencia. El deseo de pertenencia, la presión por seguir caminos similares a los de compañeros o la influencia de las elecciones de grupo pueden condicionar las decisiones más allá de los intereses propios. Estas dinámicas, si no son gestionadas, tienden a generar vacilación o a llevar a elecciones por imitación, aumentando la probabilidad de cambios posteriores de trayectoria o de indecisión vocacional (Tuñón de Suleiman, 2019).

Finalmente, Guía de Orientación Vocacional del Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral, señala que las condiciones estructurales del país, como la falta de información actualizada sobre el mercado laboral, la precariedad del empleo juvenil y las desigualdades en el acceso a la educación, generan un marco de incertidumbre sostenida que no solo dificulta la elección, sino que alimenta directamente la indecisión vocacional (Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral, 2019).

3.1.4 Factores educativos

Un elemento crítico en el caso panameño es la débil conexión entre la oferta educativa y las demandas reales del mercado laboral. Según la Guía para la Orientación Vocacional y el Empleo (Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral, 2025a) parte de los planes de estudio carece de mecanismos para actualizar y comunicar información sobre sectores en crecimiento, habilidades emergentes y competencias requeridas. La ausencia de experiencias prácticas (como pasantías, visitas técnicas o asesoramiento en campo) amplía la distancia entre la escuela y el mundo productivo, favoreciendo percepciones distorsionadas sobre la viabilidad de ciertas opciones y postergando decisiones clave.

El informe Diagnóstico de la Educación Superior en Panamá (Reisberg, 2021) añade que la rigidez curricular, la especialización temprana y la escasa integración de competencias transversales limitan la exploración vocacional y obligan a los estudiantes a comprometerse prematuramente con una carrera. Este esquema aumenta el riesgo de abandono o cambio de programa y prolonga la indefinición vocacional. A ello se suma la desarticulación entre educación y empleo, que impide alinear los programas formativos con las demandas laborales (Asamblea Nacional, 2024). Este desajuste no solo afecta la empleabilidad, sino que refuerza la percepción de inestabilidad respecto de las opciones elegidas, especialmente en un contexto donde, aunque la tasa de desempleo juvenil ha disminuido desde el 40,1% registrado en 2020, aún alcanzaba el 16,7% en 2023 (Castillo, 2024).

En esta línea, la experiencia documentada en el marco del programa NEO permiten identificar tres obstáculos centrales para la inserción laboral juvenil: la brecha entre las habilidades que demanda el mercado y las que poseen los jóvenes; la escasez de programas formativos integrales que combinen destrezas técnicas y socioemocionales con pasantías y servicios de intermediación laboral; y la falta de información sistemática sobre opciones de empleo, construcción del plan de vida y sentido de vocación (Reisberg, 2021). La ausencia de estrategias para abordar estos aspectos desde el sistema educativo limita la proyección profesional y priva a los estudiantes de referentes claros, alimentando así la indecisión vocacional.

La disponibilidad, calidad y continuidad de los programas de orientación vocacional constituye un componente central dentro de los factores educativos que inciden en la indecisión vocacional. No se trata únicamente de ofrecer información sobre opciones académicas, sino de garantizar un acompañamiento integral y sostenido que facilite el autoconocimiento, desarrolle habilidades decisionales y vincule las aspiraciones del estudiante con oportunidades reales de formación y empleo (Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral, 2025b). Las brechas detectadas en la cobertura y efectividad de estos programas en Panamá revelan que, en muchos casos, la orientación se presenta de manera fragmentada, tardía y desvinculada de las necesidades concretas del alumnado.

La evidencia muestra marcadas diferencias según el centro educativo. Un estudio con universitarios de primer ingreso en la Universidad Latina de Panamá reportó que solo el 25% había recibido orientación vocacional durante la educación secundaria (Ramos Yee & Goicoechea, 2018). De forma concordante, otra investigación identificó que el 61,9% de los estudiantes no tuvo acceso a este tipo de acompañamiento en dicha etapa (Navarro Bernal & Martínez Ramírez, 2022). Este panorama se confirma en un análisis reciente con estudiantes de noveno grado, donde, si bien el 86,7% manifestó interés en obtener más orientación sobre estudios posteriores, solo el 48,3% indicó que la recibida le había ayudado “mucho” a decidir, y el 50% señaló que le había servido “un poco” (Magallón-Olivardía, 2025). En la misma línea, un estudio diagnóstico revela que un número significativo de los colegios cuenta con profesionales especializados en orientación vocacional, y que la mayoría de las intervenciones se limita a acciones puntuales (como ferias universitarias o charlas informativas) sin seguimiento individualizado ni un enfoque sistemático (Cortéz Vega & Salazar Vásquez, 2020).

La fase informativa de la orientación vocacional resulta decisiva para reducir la indecisión, siempre que se base en una relación empática y en información contextualizada. Estrategias como jornadas universitarias, ferias y programas de difusión pueden ampliar el horizonte de opciones, pero su efectividad depende de contar con tiempos y espacios específicos para explorar intereses, aplicar instrumentos de evaluación y discutir requisitos académicos; cuando esto no ocurre, los estudiantes recurren a fuentes no especializadas (familia, amistades o internet) que, aunque bien intencionadas, pueden transmitir representaciones distorsionadas y reforzar la vacilación (Cortéz Vega & Salazar Vásquez, 2020).

La capacidad de acompañar de forma efectiva el proceso de clarificación vocacional también se ve limitada cuando la orientación queda subordinada a funciones administrativas o disciplinarias, o cuando las herramientas tecnológicas no se integran en un asesoramiento personalizado (Herazo Vega, 2024). En respuesta a estas limitaciones, el Programa de Orientación Vocacional y Empleo ha desarrollado guías, materiales y jornadas de sensibilización y el anteproyecto de Ley de Política Nacional de Orientación Vocacional y Ocupacional busca articular la orientación con el desarrollo de competencias, la identificación temprana de intereses y la vinculación con oportunidades de empleo y emprendimiento (Aguirre et al., 2023; Comisión de Trabajo, Salud y Desarrollo de la Asamblea Nacional, 2024; MEDUCA, 2025; Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral, 2024, 2025c).

Entre las intervenciones dirigidas a reducir la indecisión en la transición hacia la educación superior destaca el programa Universitarios por un día, que permite a estudiantes de bachillerato experimentar un día completo en la carrera de su interés, asistiendo a clases, recorriendo instalaciones y participando en talleres y tutorías personalizadas. Este contacto directo favorece la comparación entre expectativas y realidad, disminuye distorsiones y fortalece la capacidad de decisión (Álvarez Pérez et al, 2016). De manera complementaria, las iniciativas recientes del Ministerio de Educación de Panamá incluyen plataformas con información actualizada sobre carreras, autoevaluaciones de intereses y guías para docentes, así como la integración de la orientación en colaboración con universidades y sectores productivos, lo que representa un avance hacia una estrategia continua y articulada en todos los niveles educativos (MEDUCA, 2024b, 2024c; POVE, 2025).

Discusión

Tal como se argumentó en el marco teórico, la indecisión vocacional debe entenderse como un fenómeno multidimensional, condicionado por la interacción de factores personales, culturales, sociales y educativos, analizado a la luz de modelos explicativos que integren tanto variables internas como contextuales (Lent & Brown, 2020; Savickas, 2020). Sin embargo, la revisión bibliográfica realizada revela que, en el caso panameño, el desarrollo académico sobre esta temática no ha alcanzado el nivel de sistematicidad observado en otros contextos. Predominan investigaciones de carácter exploratorio o descriptivo, en las que la indecisión vocacional se aborda de manera implícita o subordinada a estudios sobre orientación educativa general, transición académica o empleabilidad juvenil. Esta situación, lejos de ser meramente un déficit cuantitativo, condiciona la posibilidad de construir un marco conceptual propio y de formular intervenciones ajustadas a la realidad nacional.

A pesar de esta limitación, la literatura revisada incorpora componentes que la evidencia internacional identifica como determinantes, entre ellos se destacan: la necesidad de autoconocimiento, la articulación entre la oferta educativa y las demandas del mercado laboral, el rol de la orientación vocacional, la influencia persistente de estereotipos culturales y de género, el papel de las redes de apoyo formales e informales (Álvarez Pérez et al., 2016; Aguirre et al., 2023; Asamblea Nacional, 2024; Campoverde Narváez et al., 2019; Castillo, 2024; Comisión de Trabajo, Salud y Desarrollo de la Asamblea Nacional, 2024; Cortéz Vega & Salazar Vásquez, 2020; Herazo Vega, 2024; MEDUCA, 2024b, 2024c, 2025; Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral, 2019, 2020, 2024, 2025a, 2025b, 2025c; Navarro Bernal & Martínez Ramírez, 2022; POVE, 2025; Ramos Yee & Goicoechea, 2018; Reisberg, 2021; Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, 2023; Székely et al., 2018; Tuñón de Suleiman, 2019). Sin embargo, a diferencia de los estudios internacionales que integran estos factores bajo marcos analíticos comunes y en diseños metodológicos comparativos o longitudinales, en Panamá tienden a presentarse de forma aislada y sin mediciones estandarizadas, lo que dificulta la identificación de patrones consistentes.

Este contraste sugiere que la ausencia de una línea de investigación sistemática, que considere simultáneamente las dimensiones personal, cultural, social y educativa, limita la comprensión integral del fenómeno. De este modo, se configura una paradoja, la problemática está presente y es reconocida por los actores educativos y laborales, pero carece de un abordaje teórico-metodológico que permita diseñar políticas e intervenciones basadas en evidencia contextualizada. En consecuencia, muchas de las estrategias implementadas corren el riesgo de reproducir modelos importados de otros países sin la debida validación local, lo que puede limitar su eficacia y sostenibilidad.

Conclusión

La revisión bibliográfica permitió identificar, a partir de las investigaciones analizadas, que la indecisión vocacional en estudiantes de secundaria en Panamá se presenta como un fenómeno multidimensional con manifestaciones específicas en el contexto nacional.

El aporte central de este trabajo consiste en haber reunido y sistematizado de manera integrada, la evidencia disponible sobre estas cuatro dimensiones en Panamá, configurando un marco interpretativo que permite comprender la indecisión vocacional desde una perspectiva contextualizada.

De cara a futuras investigaciones, se recomienda: (a) diseñar estudios empíricos que integren de forma articulada las dimensiones personal, cultural, social y educativa; (b) desarrollar y validar instrumentos de medición ajustados al contexto panameño; (c) evaluar comparativamente la eficacia de diversas estrategias de orientación implementadas en distintos entornos; y (d) realizar investigaciones longitudinales que permitan analizar la evolución del fenómeno y su relación con la trayectoria académica y profesional de los jóvenes.

El impacto de este trabajo sobre la comunidad científica radica en abrir un campo de estudio poco explorado en Panamá y ofrecer un punto de partida para investigaciones colaborativas, comparativas y aplicadas. Además, contribuye a incorporar la realidad panameña a las discusiones regionales e internacionales sobre indecisión vocacional, fortaleciendo el diálogo entre la producción local y la evidencia global, promoviendo la generación de conocimiento que sirva de base para políticas y prácticas de orientación contextualizadas y situadas.