Introducción
Entre los principales retos del siglo XXI está poder contar con profesionales capaces de resolver problemas, de adaptarse a situaciones nuevas y capaces de contribuir efectivamente en su entorno laboral y social.
Contar con profesionales así, requiere de preparación con ese perfil desde su etapa de estudiante, no solo a nivel superior sino en educación primaria y media. En los últimos años, un modelo educativo con un enfoque por competencias, centrado en el desarrollo de habilidades prácticas, conocimientos aplicables y actitudes esenciales para enfrentar el futuro profesional, se ha ido consolidando, buscando trascender el paradigma de la memorización de información. Dentro de este marco, el estudiante debe asumir un rol activo como protagonista de su aprendizaje.
En efecto, este enfoque por competencias es un modelo que fomenta una enseñanza que amalgama la parte teórica con la práctica, esta concepción integradora del aprendizaje en la que el estudiante además de adquirir conocimientos, es capaz de aplicarlos en contextos reales y significativos, otorga al estudiante un rol más participativo y reflexivo. Este protagonismo favorece la formación de ciudadanos autosuficientes y responsables, reflejándose en su capacidad para colaborar con otros, razonar sobre su progreso y tomar iniciativas que le permitan profundizar en su formación. Por ejemplo, en actividades grupales orientadas a resolver problemas, el estudiante no solo aplica sus conocimientos, sino que desarrolla habilidades interpersonales y adquiere competencias claves para enfrentar desafíos en contextos reales.
Como lo expresa Ramírez (2020), la formación basada en competencias en los contextos de la educación constituye una realidad contemporánea, y exige un abordaje integral en la creación e implementación de políticas educativas. La preparación de los individuos para el mundo laboral no se limita a instruirlos para desempeñar roles específicos, además, desde las perspectivas de la orientación ocupacional, busca que los individuos puedan alcanzar la plenitud de sus capacidades a través de sus actividades diarias productivas, es decir, busca que las personas se sientan realizadas. Para proporcionar herramientas para la autorrealización a través de rendimiento apropiado en tareas, debe considerarse la motivación como una constante relevante, ya que, esta promueve comportamientos competentes frente a circunstancias particulares.
Así que, resulta pertinente fomentar la creatividad de los estudiantes, orientándoles a la resolución de problemas cotidianos y específicos. En consecuencia, al estudiante asumir un papel activo en su proceso de enseñanza-aprendizaje, y el educador, a su vez, asuma la responsabilidad de identificar e implementar estas metodologías en su práctica, el enfoque centrado en competencias fomentará en los estudiantes el dominio de habilidades que resultarán beneficiosas en su vida cotidiana. Es imperativo, entonces, que se orienten hacia la consecución de aprendizajes en los que el estudiante asuma un papel activo, proporcionando soluciones a situaciones específicas de la realidad.
Por consiguiente, una vez concluida su formación académica, los estudiantes deben estar capacitados para desempeñarse en el ámbito laboral y social, en ambientes que favorecen el cambio, la innovación y el perfeccionamiento continuo; convirtiéndose en promotores de su propio proceso de aprendizaje, satisfechos y seguros de sí mismos para afrontar las circunstancias que implican su toma de decisiones. En otras palabras, Este perfil se caracteriza como una manifestación de lo que el estudiante está diseñado para ejecutar o generar al concluir una fase específica. La evaluación establece qué específicamente el estudiante debe ejecutar o construir, fundamentándose en la verificación de su capacidad para construirlo o desempeñarlo.
Como se ha mencionado, actualmente el término competencia se menciona y se utiliza con frecuencia no solo en diversas áreas profesionales y laborales sino en el ámbito educativo. Los docentes están orientando estrategias para formar niños, jóvenes y adultos con dicho enfoque. No obstante, es probable que estos estudiantes no capten el verdadero significado de la competencia, ni los aspectos metodológicos concretos, y, lo más importante, no sean conscientes de su papel dentro de este nuevo enfoque para lograr las metas establecidas mediante la aplicación de este modelo de enseñanza-aprendizaje.
El presente artículo, resultado de un estudio documental, busca analizar cómo el enfoque por competencias redefine el papel del estudiante en el proceso de aprendizaje. El propósito general es explorar y definir el rol del estudiante en este modelo de formación, considerando tanto el desarrollo de habilidades como los beneficios asociados. De manera específica, se examinará el protagonismo del estudiante en su propio proceso educativo y se evaluarán los beneficios que esta metodología aporta al desarrollo integral y profesional. Además, se hará una descripción de la evaluación de las competencias y el rol de alumno como sujeto a evaluación, coevaluación y autoevaluación.
Metodología
El objetivo es esta investigación es identificar el rol del estudiante en el enfoque por competencias como preparación para afrontar exitosamente las demandas en su educación y el futuro laboral y social; mediante una revisión de publicaciones digitales especializadas que abordan el tema, tanto de autores e instituciones nacionales como internacionales. Con la finalidad de presentar una revisión bibliográfica, fundamentada en un enfoque cualitativo y descriptivo. La investigación se realizó en 3 etapas. La etapa I. Planteamiento del objetivo de investigación e Investigación preliminar: Primeramente, se trazó el objetivo de la investigación y los términos de búsqueda contemplados en Tesauro de la UNESCO, luego, con estos descriptores, se procedió a realizar una investigación preliminar o exploratoria en las bases de datos: Dialnet, Scielo, Redalyc, Google Académico y ResearchGate.
Etapa II: Selección de artículos: Solo se tomaron en cuenta estudios que cumplieron con los criterios de inclusión: 1. realizados en la última década (2014-2024). 2. Temas que posibiliten la comprensión y permitan dimensionar el rol del estudiante en el enfoque educativo por competencias para ser incorporados al análisis de las diversas perspectivas.
Artículos originales, con título y autores expresamente citados. 4. Documentos en español. Etapa III: Lectura y análisis de los artículos seleccionados: Revisión sistemática de los estudios existentes en concordancia con los tópicos relacionados con el objetivo planteado, extracción de la información con el fin de analizarla, comparar los datos y aportar conclusiones acerca el papel que desempeña el estudiante en la citada modalidad educativa.
Tabla 1. Organización de Artículos Seleccionados
Resultados y discusión
En este apartado, están los resultados obtenidos de la consulta bibliográfica. En él se expone el análisis de la conceptualización de competencia y los fundamentos de este enfoque educativo por competencias. Se abordan las características que distinguen a los alumnos participantes de esta modalidad educativa, los roles que desempeña el estudiantado en la adquisición y desarrollo de habilidades como agente responsable de su aprendizaje. Además, se describe su papel protagónico en la evaluación y retroalimentación en este enfoque por competencias.
3.1 Conceptualización y Características del Enfoque por Competencias
Tejada (2016, como se citó en Tejada y Navio, 2019) conceptualiza el término competencias y lo denomina como un compendio de conocimientos, prácticas y actitudes que se combinan, coordinan e integran en la práctica profesional, pueden definirse en el ámbito donde la experiencia se manifiesta como un requisito indispensable en el contexto clave de la acción. A su vez, Tejada y Navio (2019) señalan que ¨la competencia radica en la movilización misma de los recursos (capacidades)¨ (p. 20). En este sentido, un currículo se construye fundamentado en las competencias.
Para Santana (2020), competencia es saber actuar responsablemente, esto implica la movilización, integración y transferencia de conocimientos, recursos y habilidades, lo que contribuye a sumar valores organizacionales, sociales y personales, lo que denota su aporte individual para que las acciones sean efectivas. Por lo tanto, la orientación hacia las competencias, se mantiene en las instituciones, con las modificaciones y adaptaciones requeridas, con los cambios necesarios, acudiendo a la lógica propia y a los paradigmas que los docentes han implementado en su práctica diaria (Anderson, et al. 2021). Tomando en consideración las definiciones, se puede decir que existe una concordancia entre los autores referida a que la competencia se compone principalmente de tres elementos: conocimiento, habilidades y actitudes.
Cabe aclarar que, el conocimiento se define como un compendio de datos útiles y requeridos para la ejecución de actividades y la resolución de problemas intrínsecos a la función. Las competencias están vinculadas a la implementación de prácticas adecuadas para la realización de tareas, tales como el razonamiento lógico y una comunicación efectiva. Simultáneamente, las actitudes aluden a la forma en que el individuo implementa los principios, los valores y las creencias en su comportamiento. (Dellepiane, 2020). En términos generales, las competencias pueden ser categorizadas como: a) como una forma de actuar y comprender nuevas situaciones o contextos; b) como una integración de conocimiento compuesto de diversos saberes o formas de actuar; y c) como un atributo individual o colectivo, que se evidencia únicamente mediante la acción. (Ramírez, 2020).
Ahora bien, el término competencia ha estado ligado, principalmente, a determinados contextos laborales. No obstante, en la actualidad, la competencia se refiere predominantemente a un sistema formado por diversos atributos esenciales para el desempeño en cualquier contexto. (Dellepiane, 2020). Para López (2016), enfocarse en la educación por competencias permite que los estudiantes fortalezcan sus capacidades durante el proceso de aprendizaje, a la vez que adquieren una mezcla de atributos, conocimientos, destrezas, actitudes y habilidades adecuados para el contexto laboral. Es decir, que se busca que los estudiantes, al cabo de su formación académica, contribuyan a la producción social, esto implica que debe existir la articulación entre los sistemas de formación con la demanda del aparato productivo y de la sociedad circundante. (Marchena y Recinos, 2020).
En resumen, las competencias representan la combinación de actitud, habilidad y conocimiento que los estudiantes cultivan y aplican con el objetivo de adquirir conocimientos, vivir y trabajar de manera exitosa. (López, 2016). Es una forma de enfocar la enseñanza y el aprendizaje que considera que el principal objetivo de la educación es formar estudiantes capaces de aplicar esos conocimientos, habilidades y actitudes para resolver tareas y problemas, tanto académicos como prácticos, similares a las situaciones que se encontrarán en su futuro desempeño personal, profesional y comunitario. Es decir, que la finalidad u objetivo de la educación, desde este enfoque, es poder responder a las expectativas de los estudiantes en los diferentes contextos de actuación que plantea el entorno durante y una vez concluidos sus estudios.
Para Dellepiane (2020) las capacidades o destrezas se manifiestan en el progreso que los estudiantes logran en su desempeño. Ese avance se orienta por los criterios establecidos previamente sobre lo que, anticipadamente se espera que logren al realizar sus actividades en forma adecuada. Cada una de las unidades curriculares ofrece numerosas oportunidades para que los estudiantes exhiban diferentes desempeños que evidencien su dominio de las habilidades. (Anderson, et al. 2021). Estas oportunidades ponen en juego su conocimiento, su habilidad para actuar y su capacidad para ser. Cada rendimiento debe representar un desafío y un estímulo, a fin de que los alumnos adopten las competencias existentes en ese momento y las complementen con nuevos avances.
El aprendizaje es un proceso educativo y cuando se fundamenta en el desarrollo de competencias, se centra en el dominio de conocimientos y habilidades específicas. Es más que simplemente realizar actividades de curso o cumplir con horas crédito. En este enfoque, los alumnos solo progresan al demostrar que han adquirido las competencias preestablecidas, lo que les permite avanzar a su propio ritmo. Esto denota un cambio sustancial del sistema educativo tradicional centrado en el tiempo. Una característica relevante de este tipo de aprendizaje es la primicia de que la educación debe ser individualizada y adaptada a las necesidades particulares de aprendizaje. (Marchena y Recinos, 2020). Este enfoque enfatiza lo profundo de la comprensión respecto a la extensión del contenido, promoviendo un compromiso más intenso y perdurable con el tema, lo que favorece la retención del conocimiento a largo plazo.
Figura 1. Análisis de contenido de las conceptualizaciones de competencia
Nota: Obtenido de ¨En torno al concepto de competencia: un análisis de fuentes¨. Elaborado por López, 2016
3.2 Desarrollar Habilidades y Competencias en el Estudiante
Promover el desarrollo de habilidades y competencias educativas requiere métodos de enseñanza activos y participativos, mediante la implementación de estrategias eficaces para fomentar el óptimo desempeño del estudiante. Para ello, es importante que reciba retroalimentación periódica y específica. La cual debe estar alineada con los criterios de evaluación establecidos. Abordar el desarrollo de habilidades y competencias en el estudiante es un proceso que implica el aprendizaje y la mejora de competencias personales y profesionales. Dichas habilidades y competencias son necesarias porque permiten a las personas abordar circunstancias complicadas dentro de sus vidas y lugares de trabajo. Algunas de las competencias y habilidades que pueden ser cultivadas en los estudiantes incluyen:
Pensamiento crítico
Capacidad para resolver problemas
Aprender a aprender
Trabajar en colaboración con otros
Comunicación e interacción
Responsabilidad y compromiso
Capacidad para comunicarse en lenguaje extranjero
Habilidades en ciencia y tecnología
Competencias en uso de herramientas digitales
Habilidades numéricas
Facilidad para la interacción social
El docente en el enfoque por competencias debe elegir las estrategias que implementará para que el estudiante, mediate su propia actividad, logre los objetivos educativos (conocimiento, habilidades y actitudes) requeridos. Planifica y conduce actividades, genera un ambiente propicio, orienta y evalúa. Al implementar las siguientes estrategias, puede promover un entorno de aprendizaje caracterizado por ser dinámico y enriquecedor, que favorecerá la presencia de competencias claves en sus estudiantes.
Proceso de aprendizaje fundamentado en proyectos: Basar el aprendizaje en los proyectos significa permitir a los estudiantes que ejecuten un proceso personal de apropiación de una realidad bajo unas condiciones, orientaciones y marcos previamente establecidos. Son considerados proyectos aquellas tareas cuya especificación más general es su orientación hacia la solución o generación de algún tipo de producto concreto, aunque la mayoría de los proyectos adoptan una estructura cercana a la científica, alejada en sus inicios de los procesos educativos, puesto que el método científico se desvanece en los procesos según avanza por los pasos que lo componen. Por ello, las metodologías activas que basan el aprendizaje en proyectos, aunque adoptan frecuentemente un método similar a la investigación científica, sus características y condiciones particulares los configuran en actividades mucho más amplias y completas que el simple hecho de investigar.
Aprendizaje colaborativo: En educación, la cooperación puede definirse como la interacción ajustada de alumnos para el logro de objetivos comunes, en tanto que, en el colaborativo, además, juega un papel relevante la ayuda mutua. Sobre colaboración, se apunta que es una relación socialmente organizada basada en intereses y valores compartidos, que persigue objetivos comunes, con una distribución equitativa de responsabilidades, que se hace mayor en la colaboración que en la mera aportación, y que la cooperación es necesariamente un elemento muy importante dentro de la colaboración. (Rugeles, et al. 2015)
El aprendizaje colaborativo, conocido también como gran grupo cooperativo o de aprendizaje para todos, enfatiza la actividad conjunta en pequeños grupos de aprendices. Se trata de una concepción del aprendizaje que intenta proporcionar una alternativa a las teorías que explican la adaptación de cada aprendiz a los conocimientos de su entorno. El aprendizaje colaborativo también es conocido con el término de grupo de apoyo mutuo.
Enfoque interdisciplinario: La pedagogía define al grupo interdisciplinario como aquella asociación de personas de diferentes disciplinas, con un marco de referencia común que se relacionan a partir de un cierto número de preguntas o problemas. A su vez, se insiste en el hecho de ir más allá del límite establecido por una disciplina. (Perdomo y Perdomo, 2016) Su importancia radica en que ayuda a los estudiantes integrar diferentes áreas del conocimiento en actividades y proyectos de aprendizaje, así pueden identificar y comprender la conexión entre diferentes disciplinas, brindándoles la oportunidad de desarrollar una visión global del conocimiento. No atendiendo simplemente a la superposición o yuxtaposición de contenidos relativos a dos o más disciplinas, sino a la existencia de niveles de relaciones más o menos estructurados que constituyen el punto de partida del desarrollo autonomista o transdisciplinario (Tejada, y Navío, 2019).
Uso de tecnología: La integración de herramientas tecnológicas apropiadas en el proceso educativo puede optimizar el acceso a la información, fomentar la investigación autónoma y cultivar competencias digitales, que resultan esenciales en la sociedad contemporánea. (Rugeles, et al. 2015)
Evaluación formativa: La necesidad de no solo evaluar los resultados o productos de un proceso, sino también evaluar cada acción de una manera continua. La evaluación es, por tanto, parte integrante de un proceso, de todo un desarrollo y debe ser participativa. La evaluación formativa no solo se realiza con carácter previo a un determinado aprendizaje, sino que debe acompañar, enriquecer y, en su caso, orientar la marcha de dicho proceso.
Permite, asimismo, al docente tomar decisiones de eficacia acerca del avance en el currículum de los educandos y presenta, además, un claro valor diagnóstico del propio proceso de enseñanza-aprendizaje, aportando información sobre las consecuencias de la utilización de una determinada metodología o sobre el grado de motivación del alumnado ante las propuestas escolares y valorando, en último término, en qué medida las metas curriculares formuladas han sido satisfechas. Analiza las características y fundamentos de la evaluación formativa asistida por ordenador. Nos encontramos con el escaso tiempo y atención que suele mostrarse a la hora de juzgar el proceso educativo en sí mismo, con independencia del resultado del mismo, respecto al que sí que se muestran más exigentes.
Promover el aprendizaje autónomo: Con este enfoque se pretende estimular en el estudiante la autonomía y la autorregulación, incentivándolos a tomar iniciativas en su propio proceso de aprendizaje, mediante el aprender a aprender, la definición de objetivos, la planeación, el seguimiento y la evaluación de su avance. El enfoque por competencias ofrece un marco de trabajo especialmente adecuado para conseguir el desarrollo del aprendizaje autónomo. Un modelo formativo por competencias que, sin dejar de estar respaldado en organización, contenidos, actividades de enseñanza, etc., conlleve una enseñanza centrada en el aprendizaje. (Rugeles, et al. 2015)
Contextualización y relevancia: Establecer una valoración entre los contenidos y actividades pedagógicas y contextos de la vida cotidiana, así como experiencias significativas para los estudiantes, potencia, en consecuencia, su motivación y facilita la aplicación de los conocimientos aprehendidos en la práctica diaria (López, 2016). La relación entre contenido y actividad didáctica es uno de los aspectos en los que más reflexiona el docente. En un primer momento, afronta con especial énfasis la elaboración del producto objeto de enseñanza, el contenido. Selecciona Permite, asimismo, al docente tomar decisiones de eficacia acerca del avance en el currículum de los educandos y presenta, además, un claro valor diagnóstico del propio proceso de enseñanza-aprendizaje, aportando información sobre las consecuencias de la utilización de una determinada metodología o sobre el grado de motivación del alumnado ante las propuestas escolares y valorando, en último término, en qué medida las metas curriculares formuladas han sido satisfechas. Analiza las características y fundamentos de la evaluación formativa asistida por ordenador. Nos encontramos con el escaso tiempo y atención que suele mostrarse a la hora de juzgar el proceso educativo en sí mismo, con independencia del resultado del mismo, respecto al que sí que se muestran más exigentes.
Promover el aprendizaje autónomo: Con este enfoque se pretende estimular en el estudiante la autonomía y la autorregulación, incentivándolos a tomar iniciativas en su propio proceso de aprendizaje, mediante el aprender a aprender, la definición de objetivos, la planeación, el seguimiento y la evaluación de su avance. El enfoque por competencias ofrece un marco de trabajo especialmente adecuado para conseguir el desarrollo del aprendizaje autónomo. Un modelo formativo por competencias que, sin dejar de estar respaldado en organización, contenidos, actividades de enseñanza, etc., conlleve una enseñanza centrada en el aprendizaje. (Rugeles, et al. 2015)
Contextualización y relevancia: Establecer una valoración entre los contenidos y actividades pedagógicas y contextos de la vida cotidiana, así como experiencias significativas para los estudiantes, potencia, en consecuencia, su motivación y facilita la aplicación de los conocimientos aprehendidos en la práctica diaria (López, 2016). La relación entre contenido y actividad didáctica es uno de los aspectos en los que más reflexiona el docente. En un primer momento, afronta con especial énfasis la elaboración del producto objeto de enseñanza, el contenido. Selecciona Para Marinho y Almeida (2016, como se citó en Santana, 2020), una competencia se edifica cotidianamente en el ámbito sociocultural, cuando la situación requiera de una postura activa encarando a retos y dificultades. En consecuencia, ser competente involucra la utilización efectiva de los recursos disponibles (conocimiento, habilidades, creencias, actitudes, principios, etc.), al momento de decidir y ejecutar acciones acertadas. En consecuencia, desde la perspectiva de los expertos, el desarrollo de habilidades representa una tarea extensa, dado que involucra la elaboración de una narrativa que vincula atributos individuales con la función desempeñada. Esto exige poner en funcionamiento y en conjunto, habilidades para integrar el componente teórico, las metodologías y la experiencia al identificar y abordar problemas en diferentes ámbitos.
Características del Estudiante en el Enfoque por Competencias
Los estudiantes que se forman por competencias son personas maduras y responsables de su aprendizaje. Son conscientes de que su formación profesional debe ser activa, significativa y comprometida, incidiendo en el ámbito social donde se desempeñan (Rodríguez, Y.; Díaz, E. y García, O, 2020). Asimismo, un estudiante debe hacer frente a un aprendizaje más autónomo, motivado por saber para qué y cómo aprende, así como interesado en el campo que habrá de dominar, lo que significará una experiencia valiosa. Esto se concreta a través del deseo de superarse ante la crisis de la especialización sobre el interés conservador en su formación desarrollando una actitud de compromiso con el entorno (Anderson, et al. 2021)
Por tanto, La formación continua tendiente al autodesarrollo ya no es solo una demanda imperativa de las organizaciones, sino también resultado de los anhelos de las personas de mejorar sus competencias profesionales, para enfrentar desafíos laborales más desafiantes o satisfactorios. Por su parte, Expósito, (2016, como se citó en Santana, 2020), describe unas actitudes específicas que amerita tener el estudiante en el enfoque por competencias, estas son:
a) Motivación. Es necesario que el estudiante esté motivado a alcanzar las competencias prefijadas. Por lo tanto, es imperioso que el docente sea motivador de los alumnos para que ellos puedan adquirir y desarrollar cada competencia. La motivación se encuentra, estrechamente ligada a lo que se denomina “aprendizaje significativo”, en otras palabras, el conocimiento nuevo debe vincularse con conocimientos anteriores, o debe tener la capacidad de relacionarse con conocimientos futuros (Saravia, et al. 2023), además, el estudiante de tener una perspectiva clara de la utilidad y relevancia del conocimiento que va a obtener.
b) Autogestión. En el caso de que el estudiante reciba únicamente "direccionamientos" por parte del educador y sea impulsado por lo relevante del aprendizaje a adquirir, recae sobre él la obligación de llevar a cabo las investigaciones pertinentes para incrementar su comprensión de los contenidos planteados en las sesiones académicas, con la finalidad de lograr de manera más eficiente los objetivos establecidos y, adicionalmente, para potenciar la interacción en el aula. Es crucial considerar que, en la práctica, el estudiantado recibe la guía y tutoría de diferentes docentes de manera simultánea. Por lo tanto, dicha autogestión debe implementarse en cada uno de los contenidos y competencias a alcanzar correspondientes a las diferentes asignaturas.
c) Compromiso. El estudiante debe concordar con la importancia de lo que se presenta en las sesiones académicas y, por lo tanto, responsabilizarse de contribuir al proceso del docente, sin distracciones que interfieran con el óptimo desarrollo del proceso y el mejor resultado al lograr las competencias propuestas en función de la capacidad individual de cada participante.
3.4 El rol del Estudiante como Agente de su Propio Aprendizaje
En esta modalidad se espera que el alumno asuma un papel protagónico en su propio aprendizaje a través de distintas acciones: la depuración de su estilo de aprendizaje, la identificación de metas a largo, medio y corto plazo, que serán fundamentales para el establecimiento y desarrollo del plan de trabajo que mejor se ajuste a dichas metas y a la ejecución de dicho plan.
La optimización de su estilo de aprendizaje, la identificación de objetivos a largo, medio y corto plazo, que serán esenciales para la formulación de su plan de trabajo, la elaboración del plan de trabajo que mejor se alinee con dichos objetivos, y la implementación de dicho plan.
3.4.1 Ser activo y favorable hacia el aprendizaje.
El educando constituye un núcleo activo del proceso de aprendizaje, buscando el desarrollo de sus competencias apegadas a las necesidades y expectativas personales en el contexto de la interacción con los demás. Mediante la adquisición progresiva de conocimientos, el estudiante debe asumir la responsabilidad de su propia educación, en la medida que desarrolla la capacidad crítica y la disciplina individual para lograr su autonomía. Es fácil notar porque se dice que en el modelo por competencias, el rol del estudiante es activo, desarrollando habilidades y conocimientos prácticos que lo capacitan para resolver los problemas que se presenten en la ejecución de tareas.
El proceso se completa con la autorreflexión que permita conocer su desempeño y evaluar su progreso. En este contexto, Perdomo y Perdomo (2020) aclaran que el docente debe jugar un papel primordialmente de guía y facilitador, no de suministrador primario de conocimiento. Por tanto, no se espera que el profesor intervenga en el aprendizaje del estudiante de la misma manera que ocurre en un modelo de aprendizaje más tradicional, pero sí que ha de crear las circunstancias favorables del entorno a fin de que el alumno pueda ser un agente activo. Cuando el docente le aclara al estudiante cuáles son los objetivos de aprendizaje, pone a su disposición oportunidades para practicar y concretar las expectativas de éxito. Cada expectativa de éxito está acompañada por oportunidades de práctica facilitadas por el docente, teniendo en cuenta que siempre debe informar, de manera clara, lo que se espera del alumno.
3.4.2 Identificar metas a corto, mediano y largo plazo
El individuo debe poseer ciertas competencias personales para aprender y comprender las transformaciones importantes y significativas que los cambios conllevan. Para ello, se hace imperioso que reciba, permanentemente, la ayuda necesaria que le permita identificar y trazarse metas alcanzables, como método para desempeñarse adecuadamente en su ámbito personal, social y profesional (Anderson, et al. 2021). A la capacidad para ser un agente de su propio aprendizaje le debe sumar la habilidad para fijar metas y alcanzarlas. Gran parte del fracaso del alumnado a la hora de aprender se deriva de que desconocen las estrategias o técnicas que favorecen el camino para alcanzar sus objetivos. Conforme logren las metas a corto plazo que se propongan, fortalecerán la confianza en sí mismos y es muy probable que esto contribuya a su rendimiento en clase. (Perdomo y Perdomo, 2022)
3.4.3 Desarrollar un plan de trabajo que mejor se ajuste a sus metas
Un estudiante en el enfoque por competencias no sólo debe ser capaz de fijarse metas, también debe desarrollar planes para alcanzarlas. La planificación le ayudará a delimitar sus prioridades y a articular estrategias y planes en la prosecución de los objetivos (López, 2016). Además, cuando el estudiante divide una meta a largo plazo en metas más simples y alcanzables a corto plazo, simplifica la planificación y aumenta su implicación y dedicación en el proceso formativo. Un plan permite que los estudiantes articulen espacios de su trabajo formativo para desarrollar competencias de mayor alcance de manera más sistematizada. Cuando eligen el ritmo y enfoque de su aprendizaje los estudiantes estarán mejor preparados para afrontar las exigencias del mundo laboral y de la cotidianidad. (Santana, 2020)
3.4.4 Trabajar en equipo
Trabajar de manera conjunta para lograr objetivos colectivos, es un proceso donde cada miembro del equipo contribuye con sus competencias, conocimientos y tiempo (Rugeles, et al. 2015). En los estudios por competencias, el trabajo en equipo se erige como un elemento potenciador del intercambio de conocimientos, el cual se va enriqueciendo con la experiencia que aportan los demás, también favorece el desarrollo de habilidades individuales de aprendizaje y comunicación, y el fortalecimiento de destrezas para la toma de decisiones que le permitan ser más autónomo y proactivo. (Dellepiane, 2020).
El estudiante considera el trabajo en equipo como una contribución al desarrollo personal, respetando la diversidad y mostrando tolerancia, pero estableciendo lineamientos claramente definidos con objetivos comunes. Asimismo, el trabajo colaborativo brinda la oportunidad de expresarse mediante posturas críticas que serán reforzadas por sus compañeros y facilitadores en un intercambio de conocimientos que pueda ser utilizado tanto por sí mismo como por los demás. Tomando en cuenta lo expresado anteriormente, se puede afirmar que el rol del estudiante va a requerir un gran sentido de compromiso y de responsabilidad, aumentando su capacidad de optimizar tanto el tiempo como los recursos disponibles, frente al desarrollo de actividades relacionadas con su formación (Perdomo y Perdomo, 2022).
3.4.5 Incorporar nuevos conceptos a su red cognitiva
Como lo menciona Garcés, et al. (2018) el participante, en su rol de estudiante por competencias, asume la responsabilidad de buscar información y de ser capaz de sintetizarla, organizarla y utilizarla productivamente. A través de su propia iniciativa y curiosidad mantiene una indagación continua, distingue y organiza conceptos y los incorpora a su red cognitiva al fomentar sus propios valores, lo que resulta en su autoformación. (Ramírez, 2020)
3.4.6 Detectar oportunidades para la innovación y creatividad en el Aprendizaje
Como conductor de su propio aprendizaje, el estudiante debe detectar oportunidades de poner en práctica todo su ingenio y creatividad. La creatividad y la innovación constituyen competencias que habilitan a los estudiantes y profesionales para concebir ideas y conceptos innovadores y formular soluciones efectivas. Según (Santana, 2020). Dentro del ámbito académico, se puede fomentar la creatividad al motivar a los alumnos a plantear cuestionamientos, llevar a cabo investigaciones y buscar respuestas de manera autónoma. Por otra parte, la innovación alude a la habilidad para instaurar un concepto novedoso que confiera valor a los demás. Dentro del contexto laboral, la innovación se refiere a la capacidad para proporcionar respuestas eficaces a las demandas personales, organizativas y sociales. (Anderson, et al. 2021)
3.5 Evaluación y Retroalimentación en el Enfoque por Competencias
Cada actividad humana ha sido guiada por determinadas directrices que han configurado su quehacer. Una de estas es la evaluación, que facilita la reflexión, el análisis, proporciona una perspectiva interna y externa de los sucesos ocurridos y posibilita la estructuración, rectificación y mejora de las acciones emprendidas. Aunque, en el contexto educativo, la evaluación es competencia del docente, el estudiante también tiene un rol protagónico en este enfoque participando en el proceso evaluativo, analizando sus debilidades y fortalezas. Las evaluaciones formativas son la técnica principal para evaluar el aprendizaje por competencias, sin embargo también son aplicadas las evaluaciones sumativas, como exámenes, trabajos prácticos y proyectos. En este contexto, la evaluación formativa se presenta como un instrumento potencialmente transformador que, si se aplica de manera apropiada, resultará beneficioso para docentes y estudiantes.
En relación al tema, Bonnefoy (2021) postula que el sistema evaluativo se desarrolla mediante procesos. El educador, por medio de la observación analiza para corroborar, verificar, comparar, identificar, diferenciar, valorar, presentar alternativas y tomar decisiones; desde una perspectiva procedimental, conceptual y actitudinal, mediante autoevaluación, heteroevaluación y evaluación. En consecuencia, la evaluación se caracteriza por su heterogeneidad, permanencia y valora tanto el proceso como los resultados. Se trata de un proceso planificado en el que la evidencia de la situación del estudiante, adquirida mediante la evaluación, se emplea por los educadores para modificar sus métodos pedagógicos en el instante de su acción, y por los estudiantes para modificar sus técnicas de aprendizaje.
Desde una perspectiva académica, este procedimiento va más allá de la evaluación de conocimientos a través de exámenes, porque integra la observación y el análisis de la implementación de lo aprendido por el estudiante en tareas prácticas, proyectos y contextos particulares. Adicionalmente, es fundamental la retroalimentación continua, ya que facilita al estudiante la identificación de sus fortalezas y áreas de mejora, consolidando de esta manera un aprendizaje autónomo y significativo. (Massuga y colaboradores 2021).
Por su parte, Muñoz y Araya (2017, como se citó en Bonnefoy, 2021) Proponen que el enfoque evaluativo centrado en las competencias desde una perspectiva pedagógica debe considerarse como una oportunidad para el desarrollo del proceso enseñanza aprendizaje. Este tipo de evaluación, formativa, pone el foco en las actividades pedagógicas, su optimización, la retroalimentación constante, el análisis acerca de todo el proceso, la colaboración y, sobre todo, la autoevaluación. Por otro lado, asociar ambas formas de evaluación de las competencias, se relaciona con el rendimiento, el alcance del éxito, la gestión eficiente. Esta circunstancia facilita la identificación de elementos que requieren reformulación para satisfacer los nuevos requerimientos de habilidades, debido a que “la evaluación no solo debe medir el aprendizaje, sino también favorecerlo” (Tejada y Ruiz, 2016).
Lógicamente, la evaluación ya no va a estar vinculada a una única función (la cualificación del estudiantado) y adopta múltiples enfoques. Además, facilitar la comprensión de que la evaluación implica una transformación paradigmática: Estas asunciones de cambio paradigmático patente implican una reconsideración automática del hecho evaluativo y su procedimiento subsiguiente. En otras palabras, desde el objeto de evaluación (objeto, indicadores, criterios) hasta el método de evaluación (modelos y estrategias), pasando por el propósito de la evaluación (objetivos y toma de decisiones), el momento de evaluación (momento evaluativo) y los instrumentos, técnicas o dispositivos utilizados, y lo evaluadores. (Tejada y Ruiz, 2016, p. 28).
Estos propósitos de evaluación se adhieren a la secuencia cognitiva de saber, saber cómo, demostrar cómo, hacer y hacer y enseñar. Los primeros parámetros se refieren al conocimiento de cómo adquirirlo, mientras que los dos parámetros subsiguientes se dedican a evaluar el conocimiento de cómo comportarse. El objetivo de la evaluación formativa es la optimización del proceso de aprendizaje en un momento en que aún puede ser producido. Un atributo significativo de este tipo de evaluación es su naturaleza constante. La evaluación formativa se caracteriza por su naturaleza procesual, continua y sucesiva. Se lleva a cabo desde el comienzo del programa y durante su evolución, con la finalidad de recolectar datos valiosos sobre las repercusiones del programa para implementar modificaciones pertinentes. (Tejada y Ruiz, 2016).
Asimismo, en función de la perspectiva de los estudiantes, la evaluación formativa posee un componente motivacional más destacado. Motiva a los estudiantes porque previene tentativamente el fracaso académico, ya que evita la acumulación de errores y dificultades. Cuando se van recopilando datos exactos durante el proceso de aprendizaje, se garantiza una mejor comprensión de la situación actual y permite tomar en forma clara y precisa decisiones de mejora. Cualquier dificultad emergente puede ser abordada mientras aún es viable y cualquier componente que se identifique como altamente beneficioso puede robustecerse para tener un impacto significativo en el proceso global. (Bonnefoy, 2021).
Otro aspecto relevante es el impacto positivo en la motivación de los estudiantes, quienes perciben el aprendizaje como un proceso útil y relevante para su vida. Al involucrarse activamente en su formación, los estudiantes desarrollan un sentido de responsabilidad y compromiso que trasciende el ámbito académico, preparándolos para participar de manera significativa en su comunidad y en la sociedad en general. Para que los estudiantes puedan mejorar su aprendizaje es fundamental el feedback durante el proceso de evaluación, de esta forma podrá corregir aquellas áreas que se consideren oportunas.
Cabe destacar que, cuando la evaluación se centra en el alumnado implica que estos poseen la capacidad de examinar de activa y objetivamente su propio proceso de aprendizaje mediante la autorregulación y utilizando criterios específicos sobre renglones de desarrollo, en un contexto de asistencia donde recibe retroalimentación inmediata, frecuente, y formativa. La autorregulación se convierte, entonces, en una forma en que los participantes ejercen control sobre su cognición, comportamiento, emociones y motivación. (Bonnefoy, 2021). La valoración de habilidades se convierte en un componente esencial. Por esta razón, cada instrumento que se aplique y cada diseño debe adecuarse a la ejecución de tareas específicas de una actividad específica y abarcar aspectos de pensamiento y desafíos, incorporando circunstancias o contextos análogos a los de la realidad donde el estudiante ejerza su rol como coevaluado y autoevaluado. (Muñoz y Araya 2017, como se citó en Bonnefoy, 2021).
Conclusión
La orientación hacia las competencias genera beneficios considerables para los alumnos. El modelo en consideración fomenta competencias prácticas tales como la colaboración grupal, la resolución de problemas y la creatividad, habilidades esenciales en el entorno laboral. Adicionalmente, fomenta la autonomía y la capacidad de adaptación, características fundamentales en un entorno social y laboral en perpetua transformación. Un componente relevante es la influencia positiva en la motivación de la actividad física. Los estudiantes perciben el proceso educativo como una actividad útil y pertinente para su existencia. A través de su implicación activa en el proceso educativo, los estudiantes fomentan un sentido de responsabilidad y compromiso que trasciende la esfera académica, preparándolos para una participación significativa en su comunidad y en la sociedad.
En este contexto, es imperativo continuar consolidando la aplicación del enfoque de competencias en los sistemas educativos, reconociendo su capacidad para modificar tanto la experiencia de aprendizaje como el impacto que los estudiantes pueden tener en sus respectivas comunidades. Indudablemente, el papel proactivo del estudiante constituye un componente esencial para alcanzar esta transformación y progresar hacia una educación más pertinente y eficaz. En el modelo de competencias, el papel del estudiante es activo y central en todo el proceso de aprendizaje, dado que tiene la responsabilidad de cultivar competencias y saberes prácticos para la resolución de problemas y la ejecución de tareas. Se buscará formar a individuos con habilidades de autorreflexión para continuar con el aprendizaje frente a las fluctuantes circunstancias que puedan surgir en su futura actividad.
Cabe señalar que, si el aprendizaje se interpreta como un cambio en la estructura cognitiva del estudiante, así como una modificación en su comportamiento, fruto de la interacción entre lo que el individuo ya sabe y las nuevas circunstancias o experiencias, entonces el rol proactivo del estudiante constituye un componente esencial para alcanzar esta transformación y progresar hacia una educación más eficaz. En la medida en que se invita a los estudiantes a ejercer un rol fundamental en la edificación de su aprendizaje, cuyas funciones, manifestadas en su disciplina, autoaprendizaje, análisis crítico y reflexivo, y la colaboración, su proceso educativo será más humanizado, se convertirá en un individuo que reflexiona, capaz de actuar, de generar y construir conocimientos personales y sociales.
Como se ha mencionado, el estudiante tiene la responsabilidad de cultivar competencias y conocimientos prácticos para la resolución de problemas y la ejecución de tareas. Este rol protagónico se puede sintetizar en los siguientes aspectos de desempeño. Primero: Analiza situaciones reales, complejas y retadoras. Segundo: Fundamenta soluciones por medio de la búsqueda, estudio y análisis de información obtenida de diferentes fuentes. Tercero: Comparte soluciones con los integrantes del grupo, con el objetivo de buscar colectivamente la solución más factible. Cuarto: Implementa la tecnología de la informática o computación digital para el aprendizaje, la investigación y la interacción con el docente y sus compañeros. Quinto: Consulta a los expertos para solicitar asesoramiento. Sexto: Participa en la estructuración y gestión del proceso compartiendo responsabilidades. Séptimo. Se involucra en sesiones grupales para reflexionar acerca del proceso, los resultados alcanzados y sugerir colectivamente soluciones de mejora.
En fin, en este enfoque, el estudiante emerge como el eje central del proceso, asumiendo un rol participativo y responsable. En este papel, le es requerido edificar su propio proceso de aprendizaje, independientemente de su edad y nivel educativo, con el objetivo de abandonar el rol pasivo que han tenido tradicionalmente los estudiantes que los confina a reiterar patrones mecánicos impuestos por una autoridad sin ninguna forma de razonamiento. El objetivo es un individuo que, enfocado en necesidades e intereses propios, sea capaz de crecer, desarrollarse y perfeccionarse, preservando su interacción con los otros con el ambiente que lo rodea y con su cultura.
En otras palabras, en el contexto de niños en proceso de formación, es fundamental fomentar en ellos la curiosidad por adquirir nuevos conocimientos a través de la observación y manipulación de diversos elementos. Estas actividades facilitarán la extracción de conclusiones y la búsqueda de soluciones a sus interrogantes, transformando estas actividades en una experiencia tangible y relevante para su existencia. Durante la infancia, el individuo exhibe una mayor sensibilidad hacia su entorno, facilitando la construcción de significados compartidos mediante vivencias tanto con su entorno familiar progenitores como en el contexto educativo, los cuales permanecerán a lo largo del tiempo. Es un rol exploratorio y de descubrimiento, pero también de búsqueda de soluciones.
Posteriormente, con los conocimientos formados durante la niñez, a partir de los 12, el estudiante entra en un período donde ameritará de recursos más extensos e individualizados que les proporcionen una dimensión significativa al proceso de aprendizaje. Durante esta etapa, el estudiante mantendrá una participación activa en todo el proceso de aprendizaje, con un incremento de la responsabilidad, dado que, además de construir el conocimiento propio, también se espera que desarrolle técnicas de estudio y trabajo eficaces a nivel individual y colectivo.
Esto le permitirá el reconocimiento y respeto de los valores y de los derechos fundamentales los individuos con los que interacciona durante la convivencia social. En esta etapa el rol es aprender a aprender, tomar decisiones sobre su futuro, incrementar su sentido de pertenencia a la sociedad.
En cuanto a la educación superior la exigencia de responsabilidad que recae sobre el estudiante es mayor, ya que depende de él mantener la motivación y el interés por aprender, esto lo puede lograr al hacer uso de su capacidad de reflexión. El estudiante universitario, además, debe planificar su propio proceso de aprendizaje, demostrando una constancia para alcanzar el éxito académico y profesional. El rol del estudiante en este nivel consiste en adquirir habilidades para gestionar eficazmente su propio proceso educativo, planificar, organizar, ejecutar, supervisar y evaluar su desempeño. Esto implica utilizar de manera efectiva la libertad, el tiempo y el espacio disponibles, los métodos y recursos pedagógicos, la información, la comunicación oral y escrita, y la orientación y asesoramiento de los docentes y consejeros. Además, debe cultivar principios y valores éticos para saber cómo ennoblecer su carrera profesional.
No obstante, independientemente del nivel educativo al que el estudiante pertenezca, siempre será el educando quien desempeñará la función primordial, independientemente de la metodología empleada por el educador. Por el contrario, el proceso de aprendizaje exige una voluntad inquebrantable, una voluntad robusta y humilde. Los estudiantes que se empeñan diariamente, incluso cuando no logran los objetivos propuestos y persisten en su intento repetitivo, convierten el esfuerzo en un componente intrínseco de su proceso de aprendizaje y desarrollo.
El estudiante se desarrollará en el aprendizaje de la capacidad de pensamiento, considerando sus conocimientos previos y su interrelación con los nuevos conceptos, con el objetivo de generar aprendizajes significativos. Asimismo, desarrollará una actitud activa y creativa para abordar situaciones problemáticas que surjan en su cotidianidad. Las contribuciones derivadas de este enfoque son extensas y de gran relevancia. Inicialmente, promueve un aprendizaje significativo que establece una conexión entre la teoría y la práctica, posibilitando que los estudiantes implementen lo adquirido en contextos reales.
En segundo lugar, fomenta la evolución de habilidades esenciales para el logro personal y profesional, habilidades como la resolución de problemas, la creatividad y la habilidad de adaptación. Este modelo finalmente facilita la formación de ciudadanos críticos y responsables, aptos para participar de manera activa en la edificación de sociedades más equitativas y resilientes. El enfoque centrado en las competencias constituye una transformación revolucionaria en el ámbito educativo, al dar prioridad al desarrollo holístico de los estudiantes. Este modelo no solamente capacita a los sujetos para afrontar desafíos académicos y laborales, sino que también los capacita para actuar con responsabilidad y creatividad en un entorno globalizado y dinámico.
En todo este proceso de educar con el enfoque por competencias, uno de los puntos más difíciles de afrontar, tanto por el docente como por el estudiante, es la evaluación. Es imperativo reconocer que evaluar por competencias constituye un proceso y, por lo tanto, se rige por rutas o etapas previamente establecidas. Además, las competencias están vinculadas a los estándares y a la comparación de resultados con los estándares establecidos. Además, la evaluación no se circunscribe únicamente a los paradigmas y estrategias existentes, sino que también demanda un intercambio dialógico entre las partes implicadas.
El profesional implicado en Este proceso debe reconocer que es necesario que los estudiantes participen activamente junto a los educadores e instituciones. La introducción de competencias en una institución de educación conlleva la comprensión de que existe un corpus teórico subyacente con múltiples perspectivas. El debate referente a la evaluación por competencias es evidencia de que es tema enriquecedor, con múltiples perspectivas y no siempre en un estado de concordancia. Es fundamental que se reconozca la relevancia de elementos teóricos, metodológicos, colaborativos e instrumentales en la evaluación de competencias.
En este contexto, es imperativo continuar consolidando la aplicación del enfoque de competencias en los sistemas educativos, reconociendo su capacidad para modificar tanto la experiencia de aprendizaje como el impacto que los estudiantes pueden tener en sus respectivas comunidades. Indudablemente, el papel proactivo del estudiante constituye un componente esencial para alcanzar esta transformación y progresar hacia una educación más pertinente y eficaz. En la actualidad, la educación no se limita a la mera transmisión de conocimientos para que los estudiantes los memoricen y reproduzcan en determinadas instancias de evaluación tradicionales, sino que implica proporcionar al estudiante un conjunto de estrategias para abordar las circunstancias complejas, ambiguas y diversas que debe resolver.
Se postula que la educación académica, en sus diferentes niveles y modalidades, tiene como objetivo ser un componente crítico, equitativo y participativo de la sociedad a la que se pertenece. Mediante el desarrollo sostenible y planificado de una serie de actitudes, conocimientos y habilidades, los educandos adquieren un perfil polifacético que les permita posicionarse en una era del conocimiento contemporánea, caracterizada por la información técnica y humana y su rápida obsolescencia. Esto incluye la habilidad para análisis y síntesis, el dominio de los conocimientos fundamentales de cada disciplina, la habilidad para colaborar en equipo, la iniciativa personal, la adaptabilidad y la motivación para la mejora continua. El cuerpo docente constituye el auténtico catalizador del cambio y motor de un proceso de aprendizaje eficiente y significativo.
La mejora en la calidad, considerando todos estos elementos, estará considerablemente influenciada por las actitudes de un cuerpo docente que articule su intervención en las aulas en torno al estudiante, con el objetivo de fomentar la adquisición de conocimiento y competencias autónomo y el desarrollo de un perfil profesional diverso y complejo. Esto permitirá a los graduados mantenerse y adaptarse a un entorno laboral transformado. El aprendizaje se conceptualiza como una transformación en la estructura cognitiva del estudiante y una alteración en su comportamiento, derivada de la interacción entre los conocimientos previos del individuo y las nuevas circunstancias o experiencias.
Las tareas primordiales que el educador debe llevar a cabo incluyen, entre otras, la concepción de situaciones pedagógicas, la creación de escenarios educativos que fomenten el pensamiento y las capacidades sociales, la instauración de contextos en los que el estudiantado aplique de manera activa lo aprendido, la dirección y la regulación del proceso educativo del estudiantado. Así, el enfoque centrado en las competencias constituye una transformación revolucionaria en el ámbito educativo, al dar prioridad al desarrollo holístico de los estudiantes. Este modelo no solamente capacita a los sujetos para afrontar desafíos académicos y laborales, sino que también los capacita para actuar con responsabilidad y creatividad en un entorno globalizado y dinámico.
Las contribuciones derivadas de este enfoque son extensas y de gran relevancia. Inicialmente, promueve un aprendizaje significativo que establece una conexión entre la teoría y la práctica, posibilitando que los estudiantes implementen lo adquirido en contextos reales. En segundo lugar, fomenta la evolución de habilidades esenciales para el logro personal y profesional, tales como la resolución de problemas, la creatividad y la habilidad de adaptación. Este modelo finalmente facilita la formación de ciudadanos críticos y responsables, aptos para participar de manera activa en la edificación de sociedades más equitativas y resilientes.
Concluyendo, en el ejercicio de su rol el estudiante está sujeto a obligaciones y derechos en el contexto académico. Posee el derecho a que se le explique lo que no comprende, a que se le aclare qué es lo que se espera que aprenda y aplique. En el desempeño de su rol tiene la obligación de comunicar, debatir y analizar toda información recibida. De esta forma cumplirá el papel activo que el proceso de enseñanza-aprendizaje le confiere y, a la vez, demanda en su evolución. La educación en el enfoque por competencias se caracteriza por ser una actividad dirigida por los estudiantes, quienes asumen un compromiso con su propia formación y construcción del conocimiento.